El papa Francisco: Los migrantes y la Resurrección

Hoy despedimos a un pastor que supo estar y ser, que estuvo cerca de los que no cuentan, de los que duelen, de los que migran, de los que luchan. Un Papa que no tuvo miedo de ensuciarse los pies, de incomodar con la verdad del Evangelio, de poner el corazón donde más falta hacía.Su legado no solo quedará en sus palabras, sino en sus gestos, en su cercanía, en su ternura valiente.

En la mañana del lunes de Pascua ha fallecido el querido papa Francisco. Un día después del Domingo de resurrección. Una hora después de que surgiese de nuevo el Sol que nace de lo alto. Se ha marchado en paz, iluminado por la presencia del Señor Resucitado. Dos breves evocaciones de su vida y su ministerio.

Recordamos que la primera salida que realizó fuera de Roma, una vez elegido Papa, fue a la isla de Lampedusa, poniendo el foco en la realidad sufriente de las personas migrantes más vulnerables. Fue el 8 de julio de 2013. Allí denunció: “La cultura del bienestar, que nos lleva a pensar en nosotros mismos, nos hace insensibles al grito de los otros, nos hace vivir en pompas de jabón, que son bonitas, pero no son nada, son la ilusión de lo fútil,de lo provisional, que lleva a la indiferencia hacia los otros, o mejor, lleva a la globalización de la indiferencia. En este mundo de la globalización hemos caído en la globalización de la indiferencia. ¡Nos hemos acostumbrado al sufrimiento del otro, no tiene que ver con nosotros, no nos importa, no nos concierne!”
Y nos interpeló directamente: “¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas? ¿Quién ha llorado por esas personas que iban en la barca? ¿Por las madres jóvenes que llevaban a sus hijos? ¿Por estos hombres que deseaban algo para mantener a sus propias familias Somos una sociedad que ha olvidado la experiencia de llorar, de “sufrir con”: ¡la globalización de la indiferencia nos ha quitado la capacidad de llorar! ¿Quién ha llorado? ¿Quién
ha llorado hoy en el mundo?”


La última aparición pública del Papa como jefe del Estado Vaticano fue la recepción al vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, el domingo 20 de abril. Ese mismo día, en un mensaje leído a la multitud por un ayudante en la Plaza de San Pedro, el papa Francisco reiteró su condena de las posturas contrarias a la migración. “¡Cuánto desprecio se suscita a veces hacia los vulnerables, los marginados y los migrantes!”, escribió. Alguien podría pensar que estos dos gestos son una mera una casualidad; o también puede verse como un gesto providencial. En todo caso, es un recordatorio constante de una insistencia del ministerio pastoral del papa Francisco, que brota directamente del Evangelio.La segunda evocación la tomamos de la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el documento programático del papa Francisco, publicada el 24 de noviembre de 2013. “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús.

Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).“Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. […] Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. No huyamos de la resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!” (EG 3).

“Sólo gracias a ese encuentro —o reencuentro— con el amor de Dios, que se convierte en feliz amistad, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad. Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero. Allí está el manantial de la acción evangelizadora. Porque, si alguien ha acogido ese amor que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede contener el deseo de comunicarlo a otros?” (EG 8).

Muchas gracias, papa Francisco, por tu ministerio, tu cercanía, tu impulso. Gracias por ayudarnos a poner a las personas migrantes en el centro de nuestra atención. Gracias por invitarnos a acompañar, servir y defender. Gracias por inspirarnos para acoger, proteger, promover e integrar. Gracias por animarnos a vivir todo esto desde la alegría del Evangelio, desde la fuerza del Resucitado.

Descansa en paz. Y goza del Encuentro con el Buen Dios.

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