Fútbol, alegría y dignidad en Níjar: un domingo para encontrarnos

Si nos preguntaran por un deporte verdaderamente universal, muchos diríamos sin dudar: el fútbol. Y este domingo en Níjar lo fue más que nunca. Vivimos una jornada llena de vida, encuentro, donde personas de distintos países compartieron mucho más que un balón: compartieron risas, respeto y comunidad.

Hemos celebrado nuestro primer torneo de Fútbol, el pasado domingo 22 de junio el campo municipal de San Isidro, en Níjar, se llenó de vida, de goles y de sonrisas. Fue mucho más que un torneo de fútbol: fue un día de convivencia, de encuentro entre culturas, de celebración sencilla pero profunda de lo que somos cuando nos miramos como personas, no como números ni etiquetas.

Participaron unas 100 personas en total, de las cuales 60 fueron jugadores (¡y una valiente jugadora!) organizados en 8 equipos, procedentes de países como Marruecos, Ghana, Senegal, Gambia, Mali, Guinea y también de España. Todos ellos son participantes en los programas de SJM-Almería, proceden de asentamientos chabolistas o en otras formas de infravivienda en la comarca de Níjar, y trabajan en los invernaderos que sostienen buena parte de la economía de la zona. Ese día no estaban solo como trabajadores invisibles, sino como compañeros de equipo, como rivales deportivos, como vecinos, como ciudadanos.

La jornada fue posible gracias a una gran red de colaboración. El Ayuntamiento de Níjar cedió el campo municipal y colaboró activamente a través de su personal técnico.

Contamos también con el apoyo de la Junta de Andalucía, ya que la actividad se enmarca en el programa “12+1. Viviendas para la vida”, financiado por la Consejería de Inclusión Social, Familias e Igualdad. Y la cooperativa Coprohníjar quien no dudó en sumarse.

Uno de los aspectos más bonitos del día fue la participación de voluntarios y voluntarias. Desde el equipo del SJM hasta los jóvenes de bachillerato del colegio de la Compañía de María de Almería, que ejercieron de árbitros con entrega y alegría, todos pusieron de su parte para que la jornada saliera adelante con éxito. Fue emocionante ver a chicos y chicas tan distintos entre sí compartiendo campo, comida, conversación y risas. La diferencia no fue obstáculo, sino riqueza.

El fútbol, ese lenguaje universal, fue el pretexto. Lo importante era lo que pasaba fuera de los partidos: los saludos, las bromas, el respeto, las fotos, la música improvisada, el sentirse parte de algo. Porque nadie debería vivir condenado a ser solo mano de obra barata. Todos merecemos ser vistos y tratados como personas. Este domingo fue un paso más en ese camino.

Gracias a quienes lo hicieron posible. Ojalá muchos días como este: con espacio para jugar, para convivir y para reconocernos como iguales en medio de tanta desigualdad. Porque cuando hay comunidad, hay esperanza.

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