El SJM-Almería: Acompañamiento y acción frente al desalojo en el asentamiento chabolista de El Uno

Casi dos semanas después del desalojo y la demolición del asentamiento chabolista de Cortijo El Uno, en San Isidro de Níjar, seguimos acompañando y defendiendo los derechos de las personas afectadas. El 25 de febrero de 2025, familias enteras se vieron obligadas a abandonar lo poco que tenían, sin que se les ofreciera ninguna alternativa habitacional. A través de nuestro modelo de intervención, hemos estado presentes en este proceso, ofreciendo apoyo, servicios y visibilidad a la situación, al tiempo que hemos exigido respuestas a las autoridades.

El día 25 de febrero de 2025 se produjo el desalojo y la demolición de un asentamiento chabolista situado en San Isidro de Níjar (Almería), conocido como Cortijo El Uno. En él vivían 58 personas, incluyendo nueve niños y niñas. A ninguna de esas personas se les ofreció, por parte de las autoridades, ningún tipo de alternativa habitacional.

         El SJM-Almería ha vivido estos acontecimientos desde lo que llamamos el “ciclo de la misión” o “modelo de intervención” de las obras sociales jesuitas, que expresamos con cinco verbos: acompañar, servir, reflexionar, sensibilizar, incidir.

         Acompañar. Desde el momento que conocimos la orden judicial de lanzamiento, decidimos estar cerca de los residentes del Cortijo El Uno.  Sabiendo que no se iba a poder frenar el desalojo ni la demolición, quisimos estar presentes, sencillamente, para acompañar a las personas en un momento traumático. Es decir, para estar cerca, dar un abrazo, guardar silencio, derramar lágrimas, calmar los ánimos, mediar en situaciones conflictivas, proteger ante las cámaras de fotos o televisión, respetar ritmos, mostrar un rostro amable y familiar, ofrecer algo de seguridad en medio de la incertidumbre. Incluso cuando no hay nada que hacer, es importante estar.

         Servir. Ese día 25 de febrero hubo que prestar servicio de traducción, tuvimos que mediar ante diversos acontecimientos inesperados, ayudamos a varias personas a guardar su ropa o a trasladar enseres, prestamos el teléfono para hacer llamadas, nos coordinamos con otras entidades sociales, gestionamos varias derivaciones a recursos externos… Todo ello son servicios muy pequeños, pero son los que se necesitaban ese día. En otros momentos, antes y después, se precisan otros servicios, más sofisticados y continuados en el tiempo.

         Reflexionar. Todos estos acontecimientos pidieron, en primer lugar, discernimiento acerca de las mejores maneras de estar presentes con cercanía afectiva y efectiva. En segundo lugar, buscamos momentos de cuidado del equipo, espacios de interioridad, dinámicas de ajuste y distribución de tareas; es decir, ocasiones de reflexión “en el fragor de la batalla”. Y, en tercer lugar, todo esto ha exigido reflexión, autoevaluación, análisis de la situación y ejercicios de prospectiva, tanto al interior del SJM-Almería como en nuestros espacios de coordinación y trabajo en red.

         Sensibilizar. En un momento determinado, vimos que era necesario dar a conocer lo que estaba ocurriendo en el Cortijo El Uno a través de los medios de comunicación. De hecho, estas semanas hemos tenido bastante presencia en la prensa local y nacional, tanto en medios escritos como digitales, en radio y en televisión. Sin buscar protagonismos personales o institucionales, intentamos poner en el centro a las personas afectadas y ensanchar los espacios de solidaridad en nuestra sociedad.

Incidir. Ante la vulneración de derechos y ante los intentos de pisotear la dignidad de las personas, hay que defender a las más frágiles, vulnerables y vulneradas. Por eso, ante la falta de respuesta de las autoridades municipales, emitimos un comunicado junto al Secretariado Diocesano de Migraciones (SEDIM) y otras entidades de Iglesia. Además, el SJM-Almería presentó una queja formal ante el Defensor del Pueblo Andaluz, que emitió una resolución dirigida al Ayuntamiento de Níjar, instando con celeridad y contundencia a atender a las personas vulneradas en sus derechos, con especial énfasis en las familias con menores.

Son pequeñas acciones que buscan incidir en las autoridades para transformar la realidad en clave de justicia y para defender los derechos de las personas más vulnerables.

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