Hay procesos sociales que se parecen más a una pista de atletismo de lo que parece a primera vista. Desde fuera, uno podría pensar que la regularización extraordinaria es un trámite administrativo: formularios, documentos, citas, resoluciones. Pero, cuando uno se acerca a la experiencia concreta de las personas migrantes y de quienes acompañamos desde las entidades sociales, descubre otra cosa: esfuerzo sostenido, tiempos distintos, estrategia, agotamiento, apoyos, caídas y nuevos impulsos. Nada de esto se gana por regalo. Como en el atletismo, no hay podio sin entrenamiento, sin constancia, sin cuerpo y alma puestos en la
carrera. Y quizá esta imagen nos ayude a comprender mejor el momento que estamos viviendo.
1. La maratón
La regularización no empezó el 16 de abril, cuando entró en vigor, ni siquiera en enero de 2026, cuando el Gobierno anunció el proceso. Viene de mucho más atrás. Es una carrera de fondo. Una auténtica maratón. Detrás están años de movilización social, de incidencia política, de trabajo en red, de recogida de firmas para la ILP, de campañas públicas, de reuniones discretas y de una paciencia a prueba de frustraciones.
Muchas personas migrantes llevan también años corriendo esta carrera: años en España, años de trabajo invisible, años de espera, de expedientes, de intentos fallidos, de cambios normativos.
La maratón enseña que no basta con salir rápido. Hay que dosificar fuerzas, sostener el ritmo, resistir el cansancio mental y físico. En este proceso, la resistencia no es solo jurídica; es profundamente humana. (Gracias, Augustine).
2. Los 100 metros lisos
Y, sin embargo, dentro de la maratón aparecen momentos de sprint. Las últimas semanas tienen mucho de 100 metros lisos: prisas, citas que se abren y se cierran, colas presenciales, colapsos telemáticos, agobios, carreras contrarreloj para conseguir un documento, un certificado, una prueba. El tiempo se acelera.
Las personas migrantes lo viven con intensidad: llamadas urgentes, mensajes a cualquier hora, “¿me faltará este papel?”, “¿llego a tiempo?”, “¿qué pasa si no consigo cita?”, “¿y si se me caducan los penales?”. Todo parece decidirse en unos segundos, como en la salida explosiva de la pista. De ahí las colas, los nervios, la tensión, el agobio, las prisas. El problema es que nadie puede vivir permanentemente en sprint. El cuerpo social también se resiente. (Gracias, Driss).
3. Los 3000 obstáculos
Si hubiera que elegir la imagen más ajustada para muchas trayectorias migratorias, probablemente sería esta: los 3000 obstáculos. Cada trámite es una valla. Cada requisito, otra valla. Cada cambio de criterio, otra más. Y a veces, la peor parte no es la valla, sino la fosa de agua: esa sensación de hundirse cuando algo falla, cuando un papel se pierde, cuando la cita no llega, cuando la prueba no se considera suficiente.
Es una carrera durísima. Y hay algo que la experiencia nos enseña con crudeza: si intentas correrla completamente solo, es fácil caer, romperte o quedarte atrapado en la fosa. Por eso el apoyo es decisivo. Apoyarse en una entidad, en una red comunitaria, en amistades, en otros compañeros de trabajo, en
quien ya pasó por el proceso. Pero apoyarse exige también confianza y una cierta fortaleza interior para dejarse sostener. No siempre es fácil pedir o encontrar ayuda. Y, sin embargo, sin ese apoyo, muchas personas no llegan a la meta. (Gracias,
Diaga).
4. La pértiga
La imagen de la pértiga nos lleva más atrás, al propio trayecto migratorio. Para algunos, la llegada fue en avión; para otros, un salto mucho más dramático y peligroso: la frontera, la valla, el paso por Melilla, la travesía marítima o terrestre.
Hay obstáculos que no son burocráticos, sino literalmente vitales. La pértiga requiere flexibilidad, técnica, cálculo, coraje. También riesgo. Hay un momento en que todo depende del impulso: si se falla, la caída puede ser devastadora. En la vida migratoria, ese salto inicial condiciona todo lo demás. Es un paso decisivo, a veces traumático, que luego se prolonga durante años en otros saltos más silenciosos: laborales, administrativos, habitacionales, afectivos. La regularización extraordinaria es un salto significativo y así será recordada con el transcurrir de los años. (Gracias, Benito).
5. Los 400 lisos
Para las entidades sociales, el momento actual tiene mucho de 400 metros lisos. Es una de las pruebas más exigentes del atletismo: un sprint prolongado, donde no basta la explosividad inicial, pero tampoco hay tiempo para bajar el ritmo. De aquí al 30 de junio, esa es exactamente la sensación. Revisión de expedientes, coordinación institucional, acompañamiento personal, seguimiento de casos urgentes, resolución de incidencias, llamadas constantes. El equipo corre a máxima intensidad durante una distancia que parece
no terminar. Es una prueba que quema piernas. Y también puede quemar emocionalmente. (Gracias, Seve, Joaqui).
6. El heptatlón
Si hay una prueba que representa el trabajo de las entidades, es el heptatlón. No basta con una sola disciplina. Aquí hace falta un verdadero equipo interdisciplinar: la abogada que interpreta la norma, la trabajadora social que acompaña la situación personal, la mediadora que facilita la comunicación y la confianza, la “logista” que ayuda a diseñar el plan, la secretaría que ordena el flujo documental, el voluntariado que sostiene tareas esenciales, la coordinación que conecta todas las piezas.
Es la prueba reina del acompañamiento social. Y tiene además un rasgo hermoso: son equipos profundamente feminizados (por eso no hablamos de decatlón, sino de heptatlón). Detrás de este proceso hay muchísimas mujeres sosteniendo, organizando, pensando y cuidando. Gracias a todas ellas. (Gracias, Clara, Khadija, Lucila, Xisca, María, Sabrina, Pili).
7. Los 1500 metros
Finalmente, están los 1500 metros: la carrera más estratégica. Aquí la imagen remite al trabajo técnico-político que ha hecho posible este proceso. Desde fuera, a veces se simplifica o se critica con facilidad. Pero en realidad hablamos de un montaje institucional enormemente complejo.
Lo telemático y lo presencial. Los distintos ministerios con visiones no siempre coincidentes: Sociales, Justicia, Administración Pública, Interior, Asuntos Exteriores… Criterios técnicos, encajes normativos, recursos administrativos, coordinación interministerial. Nada de esto se improvisa. Como en los 1500, no gana quien corre más rápido al principio, sino quien sabe leer la carrera, administrar ritmos y encontrar el momento oportuno. (Gracias, Santiago).
Cierre
La regularización es, en el fondo, una prueba colectiva. No solo de resistencia, sino de humanidad política y social. Nadie llega al podio por azar. Hace falta esfuerzo continuado, estrategia, apoyos y visión de largo plazo. Porque en esta
pista de atletismo que es la vida, los derechos se conquistan zancada a zancada, y solo el esfuerzo continuado nos permite alcanzar esa meta donde la dignidad no es una excepción, sino la regla.
Ojalá esta carrera nos haga mejores. Más altos en aspiraciones, más rápidos en justicia, más fuertes en humanidad: altius, citius, fortius. Porque aquí no se trata solo de medallas, sino de vidas. Y esas merecen siempre la mejor carrera posible.
Post-data. La cosa no acaba aquí. Tú, ¿con qué otra prueba de atletismo crees que se puede comparar este proceso de regularización? ¿Relevo 4×100? ¿Lanzamiento de disco? ¿Relevo mixto 4×400? ¿20 km marcha? Yo me quedo con la maratón popular o la sansilvestre. Es un modo de reconocer y agradecer a todo el equipazo del SJM-Almería que está dando el do de pecho de manera animosa y sostenida:
Adbelkrim, Ana, Antonio, Carmina, Edith, Fini, Juan, Lola, Mar, María Luisa, Maribel, Mbairik, Nabil, Paco, Rafa, Ramón… más las personas ya citadas y las que están en la retaguardia
Nota final, llena de gratitud.
Augustine Ndour: impulsor de la ILP y primera persona que la firmó.
Driss Oudamouj: primera persona que ha tramitado su expediente completo con el SJM-Almería.
Diaga Faye, compañero de Casa Arrupe, ya logró sus papeles, después de una carrera de obstáculos de seis años.
Benito Zambrano: cineasta, director de la película “El salto”.
Seve Lázaro y Joaqui Salord: animosos compañeros de la comunidad jesuita de Níjar y del SJM-Almería.
Clara S., Khadija J., Lucila B., Xisca C., María R-C., Sabrina B., Pili P., siete magníficas, en representación del equipo del SJM-Almería.
Santiago Yerga: Director General de Migraciones.