Finaliza la primera promoción en formación del Centro Papa Francisco.

El Centro Papa Francisco despide con orgullo a su primera promoción de alumnado, un hito que consolida un proyecto basado en la formación, el acompañamiento y la creación de oportunidades. Una etapa que deja aprendizajes, historias de superación y la ilusión de seguir creciendo para que más personas puedan construir un futuro con mayores oportunidades.

Con mucha ilusión y agradecimiento despedimos a la primera promoción de alumnos del Centro Papa Francisco, culminando una etapa que confirma que merece la pena apostar por procesos integrales de formación, acogida y acompañamiento.

En esta primera promoción han participado 17 alumnos, de los que 14 han residido en el Hogar Papa Francisco. Proceden de seis nacionalidades diferentes y han llegado derivados por media docena de entidades colaboradoras de Almería, Roquetas de Mar, El Ejido y Níjar.

Durante estos meses han completado 200 horas de formación en electricidad y montaje de instalaciones fotovoltaicas, la correspondiente formación en prevención de riesgos laborales y 120 horas de prácticas en empresas, además de un primer acompañamiento en la orientación para la búsqueda de empleo y la inserción laboral.

Más allá de las cifras, quedan las personas y el camino recorrido. Uno de los participantes resume así su experiencia:

-«He encontrado muchas cosas buenas: aprender español, conocer buenas personas, muchas experiencias de convivencia y la formación, que ha sido lo más importante.»-

Otro destaca especialmente el ambiente vivido durante estos meses:

-«Me gusta el sistema del centro y también que hay muchas clases para aumentar nuestro nivel.»-

 

Este proyecto no sería posible sin el compromiso de un equipo cada vez más amplio de personas voluntarias, el papel imprescindible de las Misioneras de Cristo Jesús y el liderazgo de Fátima Santaló-Ossorio, directora del Centro, que ha acompañado con enorme dedicación el nacimiento de esta iniciativa.

Mientras miramos al merecido descanso veraniego, ya estamos inmersos en dos nuevos retos: la acreditación del Centro ante la Junta de Andalucía y la preparación de la próxima formación, el Certificado Profesional de Nivel 1 en Operaciones Básicas de Restaurante y Bar.

Queremos expresar nuestro agradecimiento al Obispado de Almería, por su confianza e impulso desde el comienzo; a la Fundación ADEY y a las numerosas personas e instituciones que sostienen este proyecto con su apoyo; a la Fundación tuTECHÔ, que hace posible la parte residencial; y a las empresas colaboradoras y a otras que poco a poco se van acercando e interesando por esta iniciativa.

Gracias a todos por seguir creyendo que ofrecer oportunidades transforma vidas.

El balance es positivo y muy esperanzador. Hemos aprendido mucho, identificado aspectos que mejorar y comprobado que este proyecto responde a una necesidad real. Queremos seguir creciendo de forma sostenida, paso a paso, consolidando un proyecto que todavía es pequeño, pero que confiamos dará mucho fruto, como el grano de mostaza del Evangelio.

Nos reforzamos para seguir siendo lo que somos.

 El SJM-Almería comienza una nueva etapa. En el marco del proceso de fortalecimiento del sector social de la Compañía de Jesús, nuestra entidad se integrará plenamente en Fundación ECCA Social. Un paso que refuerza nuestro proyecto sin cambiar lo más importante: seguir acompañando, sirviendo y defendiendo a las personas migrantes y en situación de mayor vulnerabilidad.

Tenemos una buena noticia que compartir.

El Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) de Almería inicia una nueva etapa. En el marco del proceso de reorganización y fortalecimiento del sector social de la Compañía de Jesús en España, el SJM-Almería se integrará plenamente en la Fundación ECCA Social, culminando este proceso el 1 de enero de 2027.

Se trata de una evolución organizativa que busca fortalecer nuestra capacidad de respuesta ante los retos actuales y futuros, garantizando la sostenibilidad y el crecimiento de nuestra misión.

Lo esencial permanece intacto: nuestro compromiso con las personas migrantes y vulnerables, nuestra forma de estar presentes en la realidad de Almería y nuestra apuesta por una sociedad más justa, inclusiva y acogedora.

A lo largo de los próximos meses iremos avanzando gradualmente en esta integración hasta constituirnos como Delegación de Almería de ECCA Social. Seguiremos trabajando junto a las personas y comunidades a las que acompañamos, y continuaremos colaborando con las entidades, administraciones y personas que forman parte de nuestra red de apoyo y trabajo compartido.

La incorporación a ECCA Social nos permitirá reforzar nuestra capacidad organizativa y de gestión, compartir conocimiento y recursos con otros equipos, mejorar nuestra sostenibilidad y formar parte de un proyecto social más amplio, con mayor implantación territorial y capacidad de incidencia.

El SJM-Almería no desaparece. Su experiencia, su equipo, su misión y su forma de trabajar pasan a formar parte de un proyecto más amplio que nos permitirá sostener y fortalecer nuestro trabajo en el futuro. Mantenemos nuestra cercanía y nuestra presencia en el territorio; ganamos capacidad para desarrollar mejor nuestra labor.

En definitiva, nos reforzamos para seguir siendo lo que somos: acompañar, servir y defender aún mejor.

Queremos agradecer la confianza, el apoyo y la colaboración de todas las personas, organizaciones e instituciones que han hecho posible la trayectoria del SJM-Almería durante estos años. Todo lo construido nos ha traído hasta aquí y seguirá siendo la base de esta nueva etapa.

Miramos al futuro con ilusión y esperanza. Nos integramos en una organización más amplia; permanece la misión. Seguimos aquí, más fuertes, para continuar acompañando, sirviendo y defendiendo los derechos de las personas migrantes y de quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.

Gracias por seguir formando parte de este camino.

¿Quieres conocer más detalles sobre le proceso?            Descarga el  documento informativo  y mira el vídeo de presentación de esta nueva etapa.

Regularización: termina una etapa, comienza otra.

Tras algo más de dos meses desde la aprobación del Real Decreto 316/2026, el pasado 30 de junio finalizó el plazo para la presentación de solicitudes del proceso extraordinario de regularización de personas migrantes impulsado por el Ejecutivo. Los datos nos hablan de 1.174.968 personas migrantes que han solicitado acogerse a este proceso de regularización extraordinaria, superando ampliamente las previsiones iniciales, aunque la cifra deberá confirmarse en los próximos meses.  Este elevado número refleja la magnitud de una realidad que durante años ha permanecido invisibilizada y que, más allá de los datos, convierte esta medida en un hito histórico.

Han sido semanas intensas. Tras la aprobación del Real Decreto 316/2026, el pasado 30 de junio concluyó el plazo para presentar solicitudes en el proceso extraordinario de regularización. Más de 1,17 millones de personas han solicitado acogerse a esta medida, una cifra que da cuenta de la magnitud de una realidad que durante años ha permanecido invisibilizada.

Hace unas semanas comparábamos este proceso con una carrera de fondo. Hoy sabemos que la metáfora era acertada. No se trataba solo de reunir documentos o cumplir plazos, sino de reconocer la humanidad, sostener la incertidumbre, resolver incidencias de última hora y acompañar a miles de personas que, por fin, veían abrirse una puerta hacia el reconocimiento de sus derechos.

Nada de esto habría sido posible sin el trabajo del equipo técnico, el voluntariado y las entidades sociales que, durante estos meses, han multiplicado esfuerzos para informar, orientar y acompañar cada expediente. Detrás de cada solicitud hay muchas horas de trabajo compartido y, sobre todo, una enorme confianza en que nadie debía quedarse atrás.

Pero el 30 de junio no ha sido la meta. Ahora comienza una nueva etapa marcada por los retrasos en la admisión y resolución de los expedientes, por la incertidumbre de la espera y también por los bulos y los discursos interesados que cuestionan una medida necesaria y justa. El acompañamiento continúa, porque las personas siguen necesitando información, apoyo y esperanza.

Y aún queda otro desafío fundamental. La regularización administrativa abre la puerta a un permiso de residencia y trabajo, pero no garantiza por sí sola un empleo digno. El siguiente paso será transformar ese derecho en contratos reales, salarios justos y condiciones laborales que permitan dejar atrás también la irregularidad y la precariedad que alimenta la economía sumergida.

Este proceso constituye un hito histórico, fruto de muchos años de trabajo colectivo y de incidencia social. Pero también recuerda que la inclusión no termina con un permiso administrativo. Seguiremos trabajando para que todas las personas puedan desarrollar aquí su proyecto de vida con plenitud, convencidos de que una sociedad que incorpora el talento, el esfuerzo y la diversidad de quienes la forman es una sociedad más justa, más fuerte y con más futuro.

Presentamos el informe “Vivir sin existir. Barreras de acceso al padrón en el municipio de Níjar

 ¿Es el padrón municipal un derecho garantizado o un privilegio administrativo? A partir del análisis de cerca de un millar de expedientes en el municipio de Níjar, este nuevo estudio  saca a la luz los obstáculos burocráticos que invisibilizan a cientos de personas migrantes en contextos de infravivienda, demostrando cómo estas trabas actúan como una barrera estructural que bloquea el acceso a derechos basicos.

Presentamos nuestro informe “Vivir sin existir. Barreras de acceso al padrón en el municipio de Níjar”, un trabajo que documenta las dificultades que encuentran muchas personas migrantes para acceder al padrón municipal en contextos de infravivienda y exclusión residencial.

El estudio, elaborado a partir del acompañamiento realizado por el equipo del SJM-Almería entre 2023 y 2025, en donde analizamos cerca de un millar de expedientes relacionados con el acceso al padrón en Níjar, muestra cómo determinados obstáculos administrativos terminan convirtiéndose en una barrera estructural para el acceso a derechos básicos.

Este informe se enmarca en el programa “12+1. Viviendas para más vida”, impulsado por el SJM-Almería y financiado a través de la Línea 11 de la Junta de Andalucía, dentro de la convocatoria de la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad para el ejercicio 2025.

Entre las principales dificultades detectadas aparecen la exigencia de autorizaciones de propietarios, las denegaciones tras visitas de comprobación realizadas en horarios incompatibles con las jornadas agrícolas, los expedientes paralizados durante meses sin resolución o los rechazos verbales en ventanilla sin posibilidad de recurso.

El informe recuerda que el padrón municipal no es un privilegio ni un instrumento de control, sino un derecho y una obligación vinculados únicamente a la residencia efectiva de las personas, con independencia de sus condiciones de vivienda o situación administrativa.

Además, el informe pone de relieve las consecuencias concretas que estas trabas generan en la vida de muchas personas, como puede ser el  proceso de regularización actualmente en marcha.

A pesar de ello, el estudio también demuestra que otra práctica administrativa es posible. Durante el mismo periodo, el acompañamiento realizado permitió conseguir numerosos empadronamientos en asentamientos, chabolas e infraviviendas aplicando estrictamente la normativa vigente. Lo cual evidencia que el problema no es la ley, sino los criterios con los que se aplica.

El informe incluye también recomendaciones dirigidas al Ayuntamiento de Níjar y a otras administraciones públicas para garantizar un acceso al padrón ajustado a derecho, adaptado a la realidad residencial del municipio y orientado a la protección de la dignidad y los derechos fundamentales de todas las personas.

Con esta informe, desde el SJM-Almería queremos contribuir a un debate público sereno y riguroso, poniendo en el centro la necesidad de que ninguna persona quede invisibilizada administrativamente en el lugar donde vive.

Porque empadronarse no debería ser un privilegio. Debería ser simplemente existir.

🔗Puedes leer el informe completo aquí.

Mucho más que fútbol: cuando el deporte une realidades

Nos adelantamos al mundial con un torneo propio donde la diversidad fue la gran protagonista. El pasado domingo disfrutamos de un encuentro deportivo y cultural único, donde la verdadera copa en juego fue quizás la convivencia, así fue nuestra jornada, encuentro y participación compartida.

Este año, el Colegio Compañía de María abrió generosamente sus instalaciones para acoger a un abanico de diversidad: más de 50 jugadores, organizados en ocho equipos, saltaron al campo en una jornada que fue mucho más que una simple competición: fue una oportunidad real para compartir, romper barreras y hacer barrio.

Un centenar de personas —entre participantes, voluntariado, alumnado, profesorado y familias— nos reunimos para una tarde donde los goles fueron lo de menos; lo importante fue el ambiente de fiesta, las risas compartidas y las ganas de pasar un buen rato juntos.

La riqueza de jugar en el mismo equipo: Uno de los aspectos más especiales de la jornada fue la increíble diversidad de los participantes. En los campos convivieron jugadores procedentes de Marruecos, Senegal, Gambia, Ghana, Túnez, Mauritania, Guinea Conakry, Mali y España. Todos ellos mezclados en los distintos equipos, jugando simplemente bajo el color de su camiseta: morado, naranja, verde o rojo. Además, contamos con la participación de personas vinculadas a distintos recursos y espacios de acogida de la provincia, como es nuestro programa de hospitalidad y vivienda en San Isidro y Casa Arrupe en Puebloblanco, así como el Centro  Papa Francisco de la Fundación ECCA Social.

Alianzas que suman: Este tipo de iniciativas demuestran que el deporte es una herramienta poderosísima para fomentar la inclusión y la convivencia real. Esta actividad se enmarca dentro de las líneas de acción de un programa financiado por la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía.

Tampoco queremos dejar pasar la oportunidad de agradecer la colaboración de la empresa Coprohníjar, que aportó agua y sandías frescas para que los jugadores y asistentes pudieran reponer fuerzas al finalizar el torneo. ¡Un tercer tiempo espectacular!

Seguimos creyendo firmemente que la integración se construye así: poco a poco, desde lo cotidiano, el encuentro y la participación compartida. Y días como este nos recuerdan que, cuando jugamos en el mismo equipo, ganamos todos.

 

 

Regularización y atletismo

La regularización extraordinaria no es solo un trámite administrativo: es un proceso largo, exigente y lleno de obstáculos. Para las personas migrantes, supone un camino de esfuerzo constante, esperas, decisiones difíciles y mucha resistencia. Como en una carrera de atletismo, no hay resultados sin constancia ni sin caídas. Es un recorrido donde el cansancio y la incertidumbre conviven con la perseverancia y el apoyo.

Hay procesos sociales que se parecen más a una pista de atletismo de lo que parece a primera vista. Desde fuera, uno podría pensar que la regularización extraordinaria es un trámite administrativo: formularios, documentos, citas, resoluciones. Pero, cuando uno se acerca a la experiencia concreta de las personas migrantes y de quienes acompañamos desde las entidades sociales, descubre otra cosa: esfuerzo sostenido, tiempos distintos, estrategia, agotamiento, apoyos, caídas y nuevos impulsos. Nada de esto se gana por regalo. Como en el atletismo, no hay podio sin entrenamiento, sin constancia, sin cuerpo y alma puestos en la
carrera. Y quizá esta imagen nos ayude a comprender mejor el momento que estamos viviendo.

1. La maratón
La regularización no empezó el 16 de abril, cuando entró en vigor, ni siquiera en enero de 2026, cuando el Gobierno anunció el proceso. Viene de mucho más atrás. Es una carrera de fondo. Una auténtica maratón. Detrás están años de movilización social, de incidencia política, de trabajo en red, de recogida de firmas para la ILP, de campañas públicas, de reuniones discretas y de una paciencia a prueba de frustraciones.
Muchas personas migrantes llevan también años corriendo esta carrera: años en España, años de trabajo invisible, años de espera, de expedientes, de intentos fallidos, de cambios normativos.
La maratón enseña que no basta con salir rápido. Hay que dosificar fuerzas, sostener el ritmo, resistir el cansancio mental y físico. En este proceso, la resistencia no es solo jurídica; es profundamente humana. (Gracias, Augustine).

2. Los 100 metros lisos
Y, sin embargo, dentro de la maratón aparecen momentos de sprint. Las últimas semanas tienen mucho de 100 metros lisos: prisas, citas que se abren y se cierran, colas presenciales, colapsos telemáticos, agobios, carreras contrarreloj para conseguir un documento, un certificado, una prueba. El tiempo se acelera.

Las personas migrantes lo viven con intensidad: llamadas urgentes, mensajes a cualquier hora, “¿me faltará este papel?”, “¿llego a tiempo?”, “¿qué pasa si no consigo cita?”, “¿y si se me caducan los penales?”. Todo parece decidirse en unos segundos, como en la salida explosiva de la pista. De ahí las colas, los nervios, la tensión, el agobio, las prisas. El problema es que nadie puede vivir permanentemente en sprint. El cuerpo social también se resiente. (Gracias, Driss).

3. Los 3000 obstáculos
Si hubiera que elegir la imagen más ajustada para muchas trayectorias migratorias, probablemente sería esta: los 3000 obstáculos. Cada trámite es una valla. Cada requisito, otra valla. Cada cambio de criterio, otra más. Y a veces, la peor parte no es la valla, sino la fosa de agua: esa sensación de hundirse cuando algo falla, cuando un papel se pierde, cuando la cita no llega, cuando la prueba no se considera suficiente.

Es una carrera durísima. Y hay algo que la experiencia nos enseña con crudeza: si intentas correrla completamente solo, es fácil caer, romperte o quedarte atrapado en la fosa. Por eso el apoyo es decisivo. Apoyarse en una entidad, en una red comunitaria, en amistades, en otros compañeros de trabajo, en
quien ya pasó por el proceso. Pero apoyarse exige también confianza y una cierta fortaleza interior para dejarse sostener. No siempre es fácil pedir o encontrar ayuda. Y, sin embargo, sin ese apoyo, muchas personas no llegan a la meta. (Gracias,
Diaga).

4. La pértiga
La imagen de la pértiga nos lleva más atrás, al propio trayecto migratorio. Para algunos, la llegada fue en avión; para otros, un salto mucho más dramático y peligroso: la frontera, la valla, el paso por Melilla, la travesía marítima o terrestre.
Hay obstáculos que no son burocráticos, sino literalmente vitales. La pértiga requiere flexibilidad, técnica, cálculo, coraje. También riesgo. Hay un momento en que todo depende del impulso: si se falla, la caída puede ser devastadora. En la vida migratoria, ese salto inicial condiciona todo lo demás. Es un paso decisivo, a veces traumático, que luego se prolonga durante años en otros saltos más silenciosos: laborales, administrativos, habitacionales, afectivos. La regularización extraordinaria es un salto significativo y así será recordada con el transcurrir de los años. (Gracias, Benito).

5. Los 400 lisos
Para las entidades sociales, el momento actual tiene mucho de 400 metros lisos. Es una de las pruebas más exigentes del atletismo: un sprint prolongado, donde no basta la explosividad inicial, pero tampoco hay tiempo para bajar el ritmo. De aquí al 30 de junio, esa es exactamente la sensación. Revisión de expedientes, coordinación institucional, acompañamiento personal, seguimiento de casos urgentes, resolución de incidencias, llamadas constantes. El equipo corre a máxima intensidad durante una distancia que parece
no terminar. Es una prueba que quema piernas. Y también puede quemar emocionalmente. (Gracias, Seve, Joaqui).

6. El heptatlón
Si hay una prueba que representa el trabajo de las entidades, es el heptatlón. No basta con una sola disciplina. Aquí hace falta un verdadero equipo interdisciplinar: la abogada que interpreta la norma, la trabajadora social que acompaña la situación personal, la mediadora que facilita la comunicación y la confianza, la “logista” que ayuda a diseñar el plan, la secretaría que ordena el flujo documental, el voluntariado que sostiene tareas esenciales, la coordinación que conecta todas las piezas.
Es la prueba reina del acompañamiento social. Y tiene además un rasgo hermoso: son equipos profundamente feminizados (por eso no hablamos de decatlón, sino de heptatlón). Detrás de este proceso hay muchísimas mujeres sosteniendo, organizando, pensando y cuidando. Gracias a todas ellas. (Gracias, Clara, Khadija, Lucila, Xisca, María, Sabrina, Pili).

7. Los 1500 metros
Finalmente, están los 1500 metros: la carrera más estratégica. Aquí la imagen remite al trabajo técnico-político que ha hecho posible este proceso. Desde fuera, a veces se simplifica o se critica con facilidad. Pero en realidad hablamos de un montaje institucional enormemente complejo.
Lo telemático y lo presencial. Los distintos ministerios con visiones no siempre coincidentes: Sociales, Justicia, Administración Pública, Interior, Asuntos Exteriores… Criterios técnicos, encajes normativos, recursos administrativos, coordinación interministerial. Nada de esto se improvisa. Como en los 1500, no gana quien corre más rápido al principio, sino quien sabe leer la carrera, administrar ritmos y encontrar el momento oportuno. (Gracias, Santiago).

Cierre
La regularización es, en el fondo, una prueba colectiva. No solo de resistencia, sino de humanidad política y social. Nadie llega al podio por azar. Hace falta esfuerzo continuado, estrategia, apoyos y visión de largo plazo. Porque en esta
pista de atletismo que es la vida, los derechos se conquistan zancada a zancada, y solo el esfuerzo continuado nos permite alcanzar esa meta donde la dignidad no es una excepción, sino la regla.
Ojalá esta carrera nos haga mejores. Más altos en aspiraciones, más rápidos en justicia, más fuertes en humanidad: altius, citius, fortius. Porque aquí no se trata solo de medallas, sino de vidas. Y esas merecen siempre la mejor carrera posible.

Post-data. La cosa no acaba aquí. Tú, ¿con qué otra prueba de atletismo crees que se puede comparar este proceso de regularización? ¿Relevo 4×100? ¿Lanzamiento de disco? ¿Relevo mixto 4×400? ¿20 km marcha? Yo me quedo con la maratón popular o la sansilvestre. Es un modo de reconocer y agradecer a todo el equipazo del SJM-Almería que está dando el do de pecho de manera animosa y sostenida:
Adbelkrim, Ana, Antonio, Carmina, Edith, Fini, Juan, Lola, Mar, María Luisa, Maribel, Mbairik, Nabil, Paco, Rafa, Ramón… más las personas ya citadas y las que están en la retaguardia

Nota final, llena de gratitud.
▪ Augustine Ndour: impulsor de la ILP y primera persona que la firmó.
▪ Driss Oudamouj: primera persona que ha tramitado su expediente completo con el SJM-Almería.
▪ Diaga Faye, compañero de Casa Arrupe, ya logró sus papeles, después de una carrera de obstáculos de seis años.
▪ Benito Zambrano: cineasta, director de la película “El salto”.
▪ Seve Lázaro y Joaqui Salord: animosos compañeros de la comunidad jesuita de Níjar y del SJM-Almería.
▪ Clara S., Khadija J., Lucila B., Xisca C., María R-C., Sabrina B., Pili P., siete magníficas, en representación del equipo del SJM-Almería.
▪ Santiago Yerga: Director General de Migraciones.

 

Memoria Anual 2025 del SJM-Almería: crecimiento, acompañamiento y compromiso

Presentamos nuestra Memoria Anual 2025, un documento que refleja la consolidación de nuestras principales líneas de trabajo —intervención social, hospitalidad y sensibilización—, así como las cifras más destacadas del año y un importante crecimiento en personas acompañadas, presencia territorial y capacidad de respuesta.

Después de un año lleno de nuevos retos, más lugares a los que llegamos y más personas que acompañamos, presentamos nuestra Memoria anual de actividades 2025. En ella recogemos no solo datos y cifras, sino sobre todo la vida compartida con tantas personas migrantes en la provincia de Almería.

Mirar este año en retrospectiva nos habla de algo que sentimos cada día: seguimos creciendo, pero lo hacemos desde la misma raíz de siempre, la cercanía, la sencillez y el compromiso de acompañar, servir y defender a las personas migrantes.

Níjar: una presencia constante.

Nuestro trabajo continúa con la intervención social en los asentamientos chabolistas de la zona de Níjar, durante el 2025, ampliamos nuestra intervención a más asentamientos, cortijos y otro tipo de infraviviendas de la zona. Durante este año hemos realizado 1.034 primeras atenciones, frente a las 926 del año anterior. Este aumento refleja algo muy concreto: más personas siguen necesitando acompañamiento, así como una red de apoyo.

También ha crecido de forma significativa la participación en nuestros procesos formativos. 529 personas han asistido a clases de castellano y 366 han participado en iniciativas de formación prelaboral. Son espacios que no solo enseñan, sino que crean vínculos, confianza y oportunidades. A esto se suma el trabajo de atención jurídica, donde hemos acompañado a 392 personas en procesos de documentación, regularización y acceso a derechos. Sabemos que este acompañamiento es clave en un contexto cada vez más complejo.

Hospitalidad y Vivienda:del acompañamiento a la autonomía.

“Tener una casa significa tener un espacio que ofrece libertad. Mi vida cambió mucho desde que conocí la asociación”, nos decía Yaya. Y es que por nuestro programa han pasado ya 100 personas, y 17 de ellas al dejar el programa han podido acceder a una vivienda en autonomía, uno de los signos más claros de que el acompañamiento transforma vidas.

Sensibilizar es también transformar.

Sabemos que dar a conocer la realidad de las personas a las que acompañamos cada día es una parte esencial de nuestro trabajo. Por eso, este año hemos reforzado también el área de sensibilización, llegando a 719 personas a través de talleres y charlas. Además, 154 personas han participado en actividades de ocio y convivencia, espacios que favorecen el encuentro, la relación y la construcción de una mirada más cercana y humana de la realidad migrante. Como nos recuerda Thelma nuestra voluntaria y Misionera de Cristo Jesús, quien resume bien lo que intentamos ser: “Poner siempre a la persona migrante en el centro”.

Crecer en territorio, crecer en red.

El 2025 ha estado marcado por un proceso de crecimiento institucional. Hemos ampliado nuestra presencia en el Poniente almeriense, gracias a la colaboración con la Asociación Nakani de Roquetas de Mar. Además, la futura incorporación a la Fundación ECCA Social supone para nosotros un paso importante, una oportunidad para fortalecer el proyecto, sumar capacidades y seguir respondiendo mejor a los retos sociales del territorio.

También seguimos avanzando en nuevas iniciativas, como el desarrollo progresivo del Centro Papa Francisco, que empieza ya a dar sus primeros frutos y a consolidarse como una realidad en marcha

Un proyecto que es posible entre muchas personas.

Sin duda alguna, nada de esto sería posible sin una red amplia de apoyo. El crecimiento del SJM-Almería también se refleja en el aumento de personas socias, donantes, entidades colaboradoras, empresas solidarias y administraciones públicas que confían en este proyecto.

Socios-donantes como Blanca y Luis, quienes nos comparten su experiencia, «El SJM Almería desde el principio nos ha impresionado mucho. Parece mentira que tanto sufrimiento esté tan cerca.  Es un proyecto que en muy poco tiempo está cambiando la vida de tantas personas, dignificándolas. Ojalá se logre también, que esos cambios sean estructurales y esa realidad se transforme«.

Este respaldo nos permite sostener y mejorar la intervención, ampliar equipos y llegar más lejos. Pero, sobre todo, nos recuerda algo esencial: esto no es un proyecto de una sola entidad, sino una comunidad que camina junta.

Este año nos deja la sensación de seguir caminando en una misma dirección: la de una presencia que acompaña, escucha y se compromete con la dignidad de cada persona.

La Memoria 2025 no es solo el reflejo de lo realizado, sino también una invitación a seguir construyendo juntos y juntas un futuro más justo, humano y esperanzador para las personas migrantes en Almería.

Te invitamos a conocer con más detalle nuestro trabajo en la Memoria completa, disponible aquí.

Avanza el Centro Papa Francisco: dar forma concreta a la misión compartida

Después de un largo proceso de preparación, marcado por el trabajo constante y muchas gestiones, el Centro Papa Francisco comienza a ponerse en marcha con signos muy concretos: el espacio ya está en funcionamiento, se va llenando de vida y empiezan a llegar las primeras personas y oportunidades. A este inicio se suman también los primeros pasos en la acogida y la formación, así como el fortalecimiento de alianzas que hacen posible el proyecto. Todo ello refleja un camino compartido que, poco a poco, se va consolidando con esperanza y compromiso al servicio de quienes más lo necesitan.

Tras meses de trabajo silencioso —gestiones, trámites, preparativos, reuniones—, liderados con constancia por Fátima Santaló-Ossorio, la directora, estamos ya a las puertas de poner en marcha el Centro Papa Francisco. Y lo hacemos con señales muy concretas de vida: ya funciona la nueva caldera (¡por fin hay agua caliente!), la comunidad de misioneras ha comenzado a habitar el espacio, hemos celebrado un primer encuentro con entidades sociales para presentar el proyecto, y empiezan a llegar las primeras derivaciones, los primeros candidatos, las primeras entrevistas. La vida se abre paso.

En las últimas semanas hemos dado también pasos importantes en la consolidación del proyecto. En abril comenzará el primer curso de formación —operaciones básicas de electricidad e instalación de placas fotovoltaicas— con 15 alumnos y también la acogida residencial en el Hogar Papa Francisco, una pieza clave para acompañar procesos con mayor estabilidad y profundidad. Todo ello ha sido posible gracias al impulso inicial del proyecto financiado por la Consejería de Inclusión Social de la Junta de Andalucía (0,7% IRPF, línea provincial) y por el convenio firmado con la Fundación ADEY, así como al apoyo de diversos donantes privados, personales e institucionales, que han creído en esta propuesta desde el inicio. Muchas gracias.

Pero este avance no es solo la puesta en marcha de un nuevo recurso. El Centro Papa Francisco se está convirtiendo, de hecho, en un espacio donde toma cuerpo el proceso de convergencia con la Fundación ECCA Social, en el marco de la reorganización del sector social jesuita en España. Este camino no responde a una lógica meramente organizativa, sino a un deseo compartido de servir mejor: sumar capacidades, fortalecer estructuras y ampliar el alcance de nuestra misión. A partir de 2027, ECCA Social asumirá la presencia en el Sur, y nuestro equipo del SJM-Almería se integrará como su delegación territorial en Almería.

Lejos de diluir lo que somos, este proceso nos impulsa a ir más a fondo. La misma pasión por acompañar, servir y defender a las personas más vulnerables —especialmente en contextos de exclusión como los asentamientos de Níjar— se verá sostenida por una organización más sólida, más articulada y con mayor capacidad de respuesta. El Centro Papa Francisco es ya una expresión concreta de ese horizonte: misión compartida, arraigada en el territorio y abierta a un futuro más amplio.

Seguimos avanzando. Con realismo, con retos y también con mucha esperanza. Porque cuando la misión se encarna en lo concreto —en una caldera que funciona, en una casa que acoge, en un curso que empieza—, se vuelve también más creíble y más fecunda.

Ramadán más allá del ayuno: dos realidades, una misma fe

Hace unas semanas que terminó el Ramadán, un mes que se vive de maneras muy distintas según las circunstancias de cada persona.  Algunas, personas lo celebran compartiendo la comida, la oración y los momentos en comunidad, manteniendo un vínculo con su familia y con sus tradiciones. Sin embargo, otros lo atraviesan en asentamientos chabolistas como Atochares o “El Hoyo”, donde la falta de agua, electricidad y viviendas dignas, sumada a largas jornadas de trabajo en los invernaderos, hace que cumplir con el ayuno y vivir el mes sagrado sea un verdadero desafío. Entre estas realidades convive la fe, la esperanza y la solidaridad, mostrando cómo, incluso en condiciones de extrema precariedad, las personas buscan mantener sus tradiciones y crear comunidad.

Ya sea en el comedor de Casa Arrupe o en alguna de las viviendas de San Isidro de nuestro programa de hospitalidad y vivienda, el Ramadán se vive como un reencuentro. Para los jóvenes migrantes que acompañamos en el programa de hospitalidad y vivienda, este mes sagrado no solo marca el ritmo del ayuno, sino que se convierte en un puente con sus raíces, con sus familias de origen y con una nueva comunidad que se va tejiendo en el camino.

Aquí, el día a día se organiza en torno a los tiempos del Ramadán. Desde el amanecer hasta la puesta de sol, los residentes ayunan, trabajan y comparten rutinas que, aunque exigentes, se sostienen en lo colectivo. Al caer la tarde, el Iftar —la ruptura del ayuno— se transforma en un momento central: la mesa compartida, las conversaciones y la oración construyen un ambiente de cercanía que mitiga la distancia con sus países de origen.

Mohamed Sehli, residente del programa, describe este tiempo como algo que va mucho más allá de dejar de comer o beber: “Es un mes de paciencia, respeto y misericordia”. Practicamos el autocontrol, evitamos el enfado y tratamos de acercarnos a Dios, difundiendo el amor entre todas las personas, musulmanas y no musulmanas”. Para él y para muchos otros, el Ramadán es también un momento donde compartir lo poco o lo mucho cobra un sentido especial.

Sin embargo, esta vivencia cambia radicalmente cuando se observa lo que ocurre en los asentamientos chabolistas de Níjar, como el Asentamiento de Atochares o el Asentamiento de “El Hoyo”. Allí, las condiciones de vida marcan profundamente la forma de vivir este mes sagrado.

Durante este mes, desde el SJM- Almería hemos acompañado también en estos espacios, organizando varios Iftar comunitarios en distintos asentamientos. Estos encuentros, sencillos pero significativos, se convierten en momentos de respiro donde compartir alimentos, conversación y comunidad rompe, aunque sea por unas horas, el aislamiento cotidiano.

Nabil, que reside en el asentamiento de “El Hoyo”, cuenta que el Ramadán se vive con esfuerzo y, muchas veces, con nostalgia: “Se pasa mejor con la familia, cuando todos están juntos en la mesa. Aquí cada persona tiene su cultura y su manera de vivir el Ramadán”. Su rutina diaria deja poco margen para el descanso: tras largas jornadas de trabajo, el tiempo se reparte entre el rezo, la preparación de la comida y unas pocas horas de sueño antes de volver a empezar.

Aun así, el Iftar sigue siendo un momento esperado. Es el instante en el que, pese al cansancio acumulado, se recupera algo de la esencia comunitaria del Ramadán. “Todos los días son especiales”, afirma Nabil, aunque reconoce que vivirlo lejos de su familia cambia profundamente la experiencia.

Las dificultades se agravan en el caso de muchas mujeres que viven en estos asentamientos. Algunas de ellas explican que no pueden realizar el ayuno debido a las largas jornadas de trabajo en los invernaderos, donde el esfuerzo físico y las condiciones laborales lo hacen inviable.

El contraste entre ambos contextos refleja dos formas de vivir el mismo mes sagrado, Sin embargo, en ambas permanece un mismo significado. Porque el Ramadán no es solo no comer ni beber; es, en palabras de Mohamed, evitar el enfado y las malas palabras, priorizando la solidaridad y el bien común. Es, en esencia, aprender a ser mejores para los demás.

Un mes que, incluso en las condiciones más difíciles, sigue siendo un espacio de fe, de comunidad y de esperanza.

 

Pastoral del Trabajo y Migraciones visitan Almería para conocer la realidad de las personas migrantes

Los responsables de Pastoral del Trabajo y Migraciones de la Conferencia Episcopal Española visitaron la diócesis de Almería para conocer de primera mano la realidad de las personas trabajadoras migrantes. Durante el encuentro, pudieron acercarse a las situaciones de precariedad laboral, exclusión residencial y vulnerabilidad que marcan la vida de quienes residen en la provincia, reafirmando la necesidad de impulsar respuestas sociales, políticas y comunitarias ante el fenómeno del chabolismo

El pasado 13 y 14 de febrero, nuestra Diócesis recibió la visita de responsables de la Pastoral del Trabajo y de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, una visita ya anunciada en distintos medios y que generó interés y expectación entre las entidades y equipos que trabajan en el acompañamiento de personas migrantes en Almería.

 Una visita que puso cercanía a la realidad de los migrantes que viven y trabajan en el “mar de plástico” almeriense. La iniciativa, propuesta por la Dirección de Pastoral Obrera, y que responde al deseo de conocer de primera mano la lucha contra el chabolismo, las experiencias de acogida y acompañamiento que se están desarrollando en la provincia.

La delegación ha estado integrada por Mons. Abilio Martínez Varea, obispo responsable de Pastoral del Trabajo, Fernando Redondo, director del Departamento de Migraciones, Antonio Aranda López, director del Departamento de Pastoral del Trabajo, y Gonzalo Ruiz, director del Secretariado de Pastoral Obrera y del Trabajo de Andalucía. Todos ellos fueron recibidos en Almería por el obispo diocesano, Antonio Gómez Cantero, junto a los responsables y equipos de los secretariados diocesanos de Migraciones y Pastoral del Trabajo.

La jornada del viernes 13 de febrero comenzó en el Seminario Diocesano con un amplio encuentro en el que participaron una veintena de entidades, asociaciones, congregaciones e instituciones que trabajan con personas migrantes, en el territorio. El evento también permitió que la comunidad conociera de primera mano nuestro proyecto Centro Papa Francisco. El encuentro analizó las dificultades y constató los retos clave como el empadronamiento, la precariedad laboral y la situación de los asentamientos chabolistas.

Más tarde la delegación se desplazó a Pueblo Blanco, para poder conocer ahí nuestra comunidad de Casa Arrupe, en este espacio, conocieron las labores de acompañamiento, formación y vivienda en las que trabajamos. Además, observaron la realidad que se experimenta en uno de los asentamientos de la zona concretamente el asentamiento de Atochares, donde malviven cerca de 600 personas que trabajan en los invernaderos de la localidad en condiciones de precariedad, sin acceso garantizado a agua corriente, saneamiento ni energía eléctrica.

Allí pudieron escuchar testimonios directos, conocer rostros, nombres y realidades concretas: las preocupaciones cotidianas, las dificultades para acceder a un empleo estable y a una vivienda digna, así como los obstáculos administrativos para obtener el empadronamiento. Todo ello en un contexto especialmente delicado, marcado por los recientes desalojos producidos en esos mismos días, en los que cerca de 70 personas se vieron obligadas a abandonar el lugar donde residían, alimentando la incertidumbre constante de que “su casa” pudiera ser la siguiente.

Estos no fueron los únicos testimonios recogidos durante la visita. Más tarde, en el Seminario Diocesano de Almería, los representantes pudieron reunirse también con personas trabajadoras migrantes, principalmente procedentes de África y Latinoamérica, quienes compartieron sus experiencias, dificultades y expectativas de futuro.

Para finalizar la visita, el sábado 14 de febrero, en la Casa de Espiritualidad de Aguadulce, los equipos diocesanos y los representantes de la Conferencia Episcopal identificaron varias líneas de acción de futuro y enfatizaron la importancia de “ganar el relato” frente a los discursos de odio.

Tal y como señalaron Fernando Redondo y Antonio Aranda— este encuentro persigue varios objetivos fundamentales :

  • Profundizar en la precariedad laboral y vital en la que se encuentran muchas personas migrantes.
  • Ayudar a visibilizar esta realidad.
  • Conocer el trabajo que desde la Iglesia y otras entidades sociales se realiza en el acompañamiento de las personas migrantes.
  • Marcar líneas de trabajo conjunto a desarrollar ambas pastorales para mejorar el acompañamiento de las personas migrantes trabajadoras.

Una visita que ha supuesto no solo un espacio de análisis y reflexión, sino también una oportunidad para renovar el compromiso común con la dignidad de las personas migrantes, recordar la labor de la iglesia y poner en práctica el —acoger, proteger, promover e integrar —.

Mirar con hondura: Cuaresma y Ramadán

Este 18 de febrero comenzamos la Cuaresma y, al mismo tiempo, el Ramadán: dos caminos espirituales atravesados por intuiciones profundamente humanas —el ayuno, la oración, la revisión interior, el deseo de volver a lo esencial—, y también un cruce de caminos interculturales, dos tiempos sagrados que conviven en nuestra misma sociedad.

Este año, el inicio de la Cuaresma y el Ramadán se entrelazan, recordándonos que los tiempos sagrados no solo marcan rituales, sino también vidas concretas. Muchas de esas vidas son las de las personas a las que acompañamos: migrantes que viven su fe —sea cristiana o musulmana— en contextos de precariedad, incertidumbre y cansancio, y que, con demasiada frecuencia, permanecen invisibles para la sociedad.

Es un tiempo no solo para mirar hacia nuestro interior, para cuestionar y revisar nuestras propias vidas, sino también para mirar hacia afuera, hacia los demás,
y preguntarnos ¿cómo se vive este tiempo sagrado en medio de tantas dificultades? —
pero no como una pregunta agobiante o desesperanzadora, sino como una invitación a mirar con más hondura, respetar con más conciencia y caminar con más humildad.

Que preguntarnos esto nos recuerde que es precisamente ahí, en esos lugares que el mundo suele mirar como márgenes, donde los tiempos espirituales recuperan algo de su verdad más profunda.  Y que mirar la realidad nos ayude a comprender algo incómodo, pero necesario: aquello que muchas veces ensayamos espiritualmente durante la Cuaresma —la sobriedad, la renuncia, el despojo— forma parte de la vida cotidiana de muchas personas.

Resuena entonces aquella oración de San Francisco de Asís:

Donde haya odio, que yo lleve el amor.
Donde haya ofensa, que yo lleve el perdón.
Donde haya discordia, que yo lleve la unión

Quizá hoy podríamos añadir:

Donde haya indiferencia, que llevemos mirada.
Donde haya exclusión, que llevemos cercanía.
Donde haya precariedad, que llevemos dignidad.

Y quizá este inicio de Cuaresma y Ramadán nos ensanche el corazón, para que  aprendamos a reconocer a Dios en lenguajes distintos. Que aprendamos a respetar, a cuidar, a caminar juntos. Y que, en medio de tantas fronteras, podamos seguir siendo —simplemente— presencia, escucha y fraternidad.

Feliz tiempo de Cuaresma… y ¡Ramadán Mubarak!

Sobre la regularización extraordinaria: una lectura más humana

Una mirada más humana  y desde la experiencia de la Iglesia sobre la reciente regularización extraordinaria de personas migrantes en España. Más allá de cifras y debates técnicos, la reflexión pone el foco en las vidas concretas de quienes han contribuido a la sociedad durante años sin reconocimiento jurídico, y en el acompañamiento y la reflexión de las comunidades cristianas.

Durante años, España ha convivido con una paradoja silenciosa: cientos de miles de personas forman parte de la vida cotidiana —trabajando, cuidando, sosteniendo sectores enteros de la economía y de la vida comunitaria— sin existir plenamente a ojos del derecho. No son una abstracción ni una amenaza difusa. Tienen nombre, horarios, trabajos, vecinos, responsabilidades.
La regularización extraordinaria aprobada recientemente por el Gobierno no irrumpe en una sociedad vacía ni crea de la nada una nueva realidad social. Llega, más bien, al final de un proceso largo en el que esas vidas ya estaban siendo acompañadas, defendidas y promovidas desde abajo, en barrios, asociaciones, institutos, centros de salud, sindicatos o parroquias. Por eso, reducir esta medida a una «regularización masiva» simplifica en exceso lo ocurrido y oscurece lo verdaderamente relevante.

¿Quiénes son las personas regularizadas?

Hablar de regularización extraordinaria en términos agregados —cientos de miles de personas, plazos administrativos, requisitos legales— resulta inevitable, pero insuficiente. La realidad que esta medida alcanza es, ante todo, biográfica. Son trayectorias largas, muchas veces invisibles, que han transcurrido en el cruce entre la necesidad de trabajar, el arraigo progresivo y la ausencia de un reconocimiento jurídico estable.

Está la mujer que cuida a personas mayores desde hace años, enlazando empleos precarios y sosteniendo hogares ajenos mientras el suyo quedaba suspendido en un limbo administrativo. Está el jornalero que ha pasado campañas enteras en la agricultura intensiva de los invernaderos, contribuyendo de forma decisiva a un sector estratégico desde condiciones de extrema vulnerabilidad. Está el trabajador de la hostelería o del reparto que atravesó la pandemia manteniendo servicios esenciales sin contrato regular ni protección suficiente. En no pocos casos, estas personas participan además en asociaciones vecinales, comunidades religiosas o redes de apoyo mutuo que estructuran la vida cotidiana de barrios y pueblos.

Nada de esto comenzó con el decreto. La regularización no crea estas vidas ni las incorpora por primera vez a la sociedad; se limita a reconocer jurídicamente una presencia que ya era social, económica y relacional. Por eso resulta problemático hablar de «masa» o de «regularización masiva». No hay aquí una realidad indiferenciada, sino una pluralidad de historias concretas que comparten una vulnerabilidad común: haber vivido durante años sin el amparo pleno del derecho.

Poner el foco en los rostros no es un recurso sentimental. Es una exigencia analítica. Solo desde ahí se comprende que la irregularidad administrativa no era una anomalía marginal, sino un rasgo estructural de nuestro modelo de convivencia, y que la regularización apunta a corregir esa disonancia entre vida real y reconocimiento institucional.

Un proceso desde abajo: la pluralidad de actores que lo hicieron posible.

La regularización extraordinaria no puede entenderse únicamente como una decisión adoptada en el Consejo de Ministros. Llega precedida de un proceso social largo, articulado a través de una constelación de actores muy diversos que, durante años, han trabajado en los márgenes de un sistema migratorio incapaz de absorber la realidad que generaba.

La iniciativa legislativa popular (ILP) por la regularización fue la expresión más visible de ese proceso, pero no su punto de partida. Detrás de las casi 800.000 firmas hubo decenas de organizaciones de personas migrantes, entidades sociales, sindicatos, plataformas ciudadanas, profesionales del derecho, de la salud y de la educación. Y también parroquias, congregaciones religiosas, Cáritas, el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) y otras muchas realidades eclesiales que, desde su inserción territorial, acompañaban situaciones concretas de exclusión jurídica.

Este entramado no actuó como un bloque homogéneo ni con una sola voz. Fue —y sigue siendo— plural, descentralizado y a veces incluso disonante. Precisamente ahí reside su fuerza: en haber sostenido, desde lugares distintos, una misma constatación práctica. Mantener a cientos de miles de personas en la irregularidad permanente no protegía el orden social, sino que lo debilitaba; no favorecía la convivencia, sino que normalizaba la precariedad y el abuso.

Hablar de este proceso permite desplazar el foco del debate. No estamos ante una concesión graciosa ni ante un gesto unilateral del poder político, sino ante el reconocimiento institucional de una presión cívica sostenida. Una acción colectiva que no buscaba privilegios, sino coherencia entre derechos proclamados y vidas reales.

Para el bien común:una lectura desde la ética social cristiana.

Más allá de su dimensión jurídica, la regularización extraordinaria plantea una pregunta de fondo: qué entendemos por bien común en una sociedad atravesada por la movilidad humana. Desde la tradición de la doctrina social de la Iglesia, el bien común no es la suma de intereses individuales ni el simple equilibrio entre mayorías y minorías, sino el conjunto de condiciones que permiten a todas las personas desarrollar una vida digna en comunidad.

Leída desde ahí, la regularización no es un gesto ideológico ni una medida movida por la mera compasión. Es una decisión que responde a una evidencia ética: una sociedad funciona peor cuando acepta como normal que una parte significativa de quienes la sostienen viva sin derechos plenos. La irregularidad administrativa prolongada no beneficia a nadie; genera miedo, explotación, economía sumergida y fractura social.

Los cuatro verbos que el Papa Francisco ha propuesto reiteradamente —acoger, proteger, promover e integrar— ayudan a nombrar esta lógica sin necesidad de convertirlos en consignas. Acoger significa reconocer una presencia ya existente. Proteger implica sacar a las personas de la intemperie jurídica. Promover supone abrir posibilidades reales de desarrollo personal y laboral. Integrar no es asimilar, sino permitir una participación plena en la vida social.

Desde esta clave, el apoyo de los obispos, la Conferencia Episcopal y de otras realidades eclesiales a la regularización no nace de una toma de partido coyuntural, sino de una experiencia prolongada de acompañamiento. Allí donde la Iglesia ha estado cerca de las vidas concretas, la irregularidad no aparecía como un principio abstracto, sino como un obstáculo cotidiano para la dignidad y la convivencia.

Cierre (o apertura)

El debate sobre la regularización extraordinaria seguirá abierto, como es lógico en una sociedad plural. Pero quizá convenga desplazar la mirada: no tanto hacia la excepcionalidad de la medida como hacia la normalidad de las vidas que reconoce. Desde esta perspectiva, el respaldo de amplios sectores de la sociedad civil —incluidas muchas realidades eclesiales— no responde a una lógica ideológica ni a un cálculo coyuntural. Brota de una experiencia concreta: la de haber acompañado durante años a personas que ya estaban aquí y cuya exclusión jurídica no fortalecía a la sociedad, sino que la empobrecía.

La regularización no resuelve todos los problemas del sistema migratorio, pero recuerda algo elemental: el bien común no se construye levantando muros administrativos, sino ampliando derechos allí donde la vida ya había encontrado la forma de sostenerse.

Frente a la protesta, una propuesta: formación y acompañamiento para migrantes en Almería

El SJM-Almería, junto al Obispado de la comarca de Almería, presentó ayer en el antiguo Seminario Menor su proyecto de formación sociolaboral para migrantes, con el respaldo del Obispo Mons. Antonio Gómez Cantero. La iniciativa, que cuenta también con la colaboración de ECCA Social, busca ofrecer oportunidades reales de formación, acompañamiento y desarrollo integral a personas migrantes en situación de vulnerabilidad, reafirmando el compromiso de la Iglesia y la comunidad con la inclusión y la dignidad de quienes más lo necesitan.

El día de ayer tuvimos la oportunidad de presentar junto al Obispado de la comarca de Almería en una reunión con los medios de comunicación, en el antiguo Seminario Menor de la ciudad, nuestro proyecto de formación sociolaboral para migrantes.

Una rueda de prensa en la cual pudimos subrayar la importancia de ofrecer oportunidades reales de formación y acompañamiento a jóvenes migrantes en situación de vulnerabilidad.

El proyecto ya presentado en Junio de este mismo año, caminará de la mano de ECCA Social, con quienes compartimos la convicción de que la educación y el acompañamiento son herramientas fundamentales para la inclusión y la dignidad de las personas. No queremos solo dar formación: queremos abrir puertas, acompañar y construir nuevos futuros.

Como señaló Mons. Antonio Gómez Cantero, Obispo de Almería, “no hay que tener miedo”, frente a rumores o recelos, él mantiene claro que este proyecto es serio, planificado y profundamente comprometido con el bien común. Incluso afirmó que “si hace falta, me voy a vivir con ellos”. También señalo que, a lo largo de su historia,” La Iglesia siempre ha estado allí donde ha habido necesidad: con los enfermos de sida, con los emigrantes españoles en Francia, con quienes nadie quería acoger. Y ahora nos toca estar aquí»

Este proyecto es continuidad de esa presencia que se convierte en acción, acogida y compromiso.

El proyecto contempla la formación reglada de distintas familias profesionales, con itinerarios prácticos, así como competencias formativas transversales, y un acompañamiento personalizado, apostando por la formación integral en su totalidad de la persona, no solo la necesidad de profesionales. Nuestro proyecto está dirigido a personas migrantes adultas que ya llevan un tiempo en el territorio y que desean avanzar en su proceso de inserción social y laboral. Se trata de un recurso de inserción que combina formación, acompañamiento y un pequeño apoyo residencial temporal, pensado para que puedan concentrarse en su capacitación y mejorar sus oportunidades, un trampolín de impulso hacia la autonomía.

En el SJM-Almería confiamos en que este proyecto traerá frutos no solo para quienes participan, sino también para toda la comunidad. Estamos seguros de que, con el respaldo del Mons. Antonio Gómez Cantero y del Obispado de Almería,  ECCA Social y la colaboración de diversas empresas del sector privado, y público podremos ofrecer oportunidades reales de formación, inserción laboral y acompañamiento, contribuyendo así al desarrollo social y económico de la provincia de Almería.

Visita institucional: La ministra Elma Saiz conoce nuestro programa de Hospitalidad y Vivienda

Níjar recibió la visita de la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, quien conoció de primera mano los programas de hospitalidad y vivienda que SJM Almería desarrolla en colaboración con Fundación tuTECHÔ. Durante la jornada, la ministra recorrió Casa Arrupe y las 12 viviendas de San Isidro, espacios que ofrecen soluciones habitacionales dignas y acompañamiento social a personas y familias migrantes que antes vivían en asentamientos, con el objetivo de promover su inclusión y bienestar en la comunidad.

El pasado jueves, iniciamos nuestras actividades del mes de septiembre con la visita de la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, quién conoció en Níjar de primera mano el trabajo que desarrollamos en nuestro programa de hospitalidad y la vivienda. La visita se llevó a cabo de la mano de la Fundación tuTECHÔ, con quien colaboramos estrechamente en la implementación de un modelo de vivienda digna, sostenible e inclusiva en el territorio.

La ministra estuvo acompañada por la secretaría de Estado de Inclusión, Elena Rodríguez, y el subdelegado del Gobierno en Almería, José María Martín. Juntos recorrieron varios de nuestros espacios, entre ellos Casa Arrupe y las 12 viviendas de San Isidro, que constituyen dos ejemplos concretos de cómo la colaboración entre entidades sociales, administraciones públicas y la sociedad civil puede dar lugar a alternativas reales a la exclusión residencial que sufren muchas personas migrantes.

La jornada comenzó con la visita a Casa Arrupe, un espacio que funciona como comunidad de vida, hospitalidad y acompañamiento. Allí, Lamine y Tama compartieron su testimonio sobre lo que significa vivir en esta casa y cómo la experiencia de formar parte de esta comunidad ha transformado sus vidas.

Posteriormente, la delegación visitó las 12 viviendas de San Isidro, donde actualmente residen personas y familias migrantes que anteriormente vivían en asentamientos. Durante la visita, la ministra tuvo la oportunidad de conocer a una de las familias que habita estos hogares, quienes compartieron su historia.

Tanto Casa Arrupe como las viviendas de San Isidro forman parte del modelo de vivienda impulsado por Fundación tuTECHÔ, entidad que desarrolla su labor en distintos territorios de España con el objetivo de ofrecer soluciones habitacionales sostenibles y centradas en la persona. Este modelo no solo se orienta a proporcionar un techo, sino que busca construir entornos donde las personas puedan desarrollar plenamente su vida, con acompañamiento social y comunitario.

En Níjar, desde SJM Almería colaboramos activamente con Fundación tuTECHÔ para adaptar este modelo a la realidad local, marcada por la existencia de numerosos asentamientos donde viven personas migrantes en condiciones indignas.

Desde SJM Almería agradecemos la visita de la ministra Elma Saiz, así como el interés mostrado por su equipo en conocer la situación sobre el terreno. 

Seguiremos trabajando junto a Fundación tuTECHÔ, las administraciones públicas que hacen posible este proyecto —entre ellas la Consejería de Fomento, Articulación del Territorio y Vivienda y la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía—, así como con entidades privadas, organizaciones sociales, empresas colaboradoras, personas socias y donantes, para seguir mejorando las condiciones de vida de las personas migrantes y avanzar hacia una sociedad más inclusiva y con acceso a una vivienda digna para todas las personas.

La infravivienda invisible del mar de plástico: vidas precarias en el campo de Níjar

Desde el Servicio Jesuita a Migrantes en Almería, hemos publicado un nuevo informe que pone el foco en una realidad tantas veces ignorada como persistente: la infravivienda. A través de “La infravivienda invisibilizada”: Aproximación al chabolismo disperso en los diseminados del campo de Níjar, queremos visibilizar las condiciones en las que viven cientos de personas migrantes que trabajan en el campo almeriense. Hablamos de cortijos en ruinas, casetas prefabricadas, remolques o almacenes reconvertidos en viviendas donde faltan servicios tan básicos como el agua potable o la luz eléctrica.

En pleno verano, bajo el sol que quema los invernaderos de Níjar, hay miles de personas que no tienen acceso a agua potable ni a electricidad más de dos días a la semana. Y no hablamos de un lugar remoto: hablamos de una realidad palpable, a pocos kilómetros de nuestra capital. Hablamos de nuestro campo, de nuestras hortalizas. Hablamos de quienes hacen posible que llegue a nuestra mesa el tomate, el calabacín o el pimiento: personas que viven en cortijos en ruinas, en casetas prefabricadas, en chabolas… y en un largo etcétera de infraviviendas dispersas y precarias.

Lo que reflejamos en nuestro último informe, La infravivienda invisibilizada: Aproximación al chabolismo disperso en los diseminados del campo de Níjar”, es una auténtica radiografía humana de esta realidad. Hemos identificado más de 470 estructuras, en su mayoría no registradas, donde viven más de 1.400 personas, entre ellas casi 480 menores, de los cuales 275 son niños y niñas menores de 14 años. Una realidad heterogénea, con múltiples formas de exclusión, pero marcada por un problema común y profundo: la precariedad estructural.

Este informe no es solo una recopilación de datos. Es el fruto de meses de acompañamiento, escucha activa y observación directa en el terreno. Un trabajo que nace del contacto cotidiano con las personas que habitan estas condiciones, de recorrer caminos de tierra, de visitar cortijos semiderruidos, de compartir conversaciones en casetas construidas con palés y lonas. Ademàs del trabajo en equipo, este informe Este informe contó con el apoyo de la Consejería de Inserción Social, Juventud, Familias e Igualdad, en el marco del programa “12+1. Viviendas para la vida”.

 

 

Surgió de la necesidad de mirar con profundidad y respeto un fenómeno complejo que rara vez se documenta desde la cercanía.

Aminata, Souleyman, Fatima, Dauda, o Cheikh son solo algunos de los nombres entre tantas personas que viven en los márgenes, en esa “realidad invisibilizada”  y que habitan en viviendas sin agua corriente, ni electricidad estable, donde el techo a veces no protege y las condiciones mínimas de seguridad y salubridad no están garantizadas. Allí la vida se improvisa, se sobrevive, se resiste.

Esto no es únicamente un problema de vivienda. Es una realidad que interpela profundamente a nuestro modelo social y económico, y que no puede seguir permaneciendo oculta entre plásticos y caminos de tierra. Y en el cual, mientras tanto, los trabajadores continúan viviendo junto a los almacenes donde laboran, y la infancia crece sin condiciones mínimas de bienestar.

El reto es enorme, y no existen soluciones simples. Pero sí hay una certeza: solo con voluntad colectiva, coordinación, escucha activa y compromiso sostenido podremos avanzar hacia un modelo que no deje a nadie atrás.
Porque nadie debería vivir sin agua ni luz, en una tierra que alimenta a tantos.

🔗Puedes leer nuestro informe completo aquí:

➡️La infravivienda invisibilizada: Aproximación al chabolismo disperso en los diseminados del campo de Níjar

 

Un año acompañando vidas: balance del programa de hospitalidad y vivienda en Níjar

El programa de hospitalidad del SJM Almería cumple un año, con 88 personas acogidas en viviendas dignas tras salir de asentamientos o situaciones de infravivienda en Níjar. Más que un techo, este proyecto ofrece acompañamiento, formación, oportunidades de inserción y comunidad. Un modelo de intervención basado, en el arraigo y la transformación social, que continúa creciendo gracias al trabajo en red y a múltiples apoyos.

Hace un año que inaugurábamos nuestro programa de hospitalidad y vivienda, hace un año que comenzábamos a poner los cimientos de un nuevo modelo de acogida en Níjar, y hoy celebramos un camino lleno de vida compartida, de rostros, nombres y procesos únicos. Y es que, desde su puesta en marcha en julio de 2024, el proyecto ha ofrecido acogida residencial digna a 88 personas, procedentes de asentamientos chabolistas o de otras formas de infravivienda en el campo de Níjar. No se trata solo de un techo: es una puerta abierta a procesos de arraigo personal, formación, inserción sociolaboral y vínculo comunitario.

 A lo largo de este primer año, el proyecto ha acompañado a personas jóvenes —más de la mitad tiene entre 19 y 29 años—, procedentes de países como Marruecos, Senegal, Mali o Ghana. En su mayoría hombres solos, pero también tres núcleos familiares, han encontrado en estas viviendas un espacio seguro para comenzar una nueva etapa. Diecisiete personas han salido ya del recurso para iniciar una vida con mayor autonomía, bien en otras viviendas de la comarca, bien en otras regiones del país; en dos casos hemos acompañado procesos de retorno voluntario. El modelo de intervención del SJM se basa en una hospitalidad activa y compartida, articulada en torno a un “triángulo virtuoso” que une a las personas acogidas, los equipos profesionales y las comunidades de apoyo.

Esta red de confianza sostiene los procesos personales y permite generar transformaciones más amplias, sociales y estructurales. El programa se inspira, desarrolla y concreta el modelo de hospitalidad del SJM-España, que seguimos sistematizando en colaboración con el Observatorio de Migraciones de UNIJES (Universidades Jesuitas) y, concretamente, la Universidad de Deusto. Además de la acogida, el proyecto impulsa procesos integrales: 28 personas cuentan con permiso de residencia y trabajo, 17 participan en itinerarios de formación ligados al arraigo por formación, y otras muchas asisten con regularidad a clases de español o cursos técnicos. Varias han iniciado trámites de asilo, obtenido contratos laborales o han comenzado voluntariados al servicio de la comunidad. Este programa de vivienda es posible gracias a la colaboración de múltiples aliados.

Destacamos la alianza con tuTechô, socimi de inversión social de impacto y propietaria de los inmuebles; así como el respaldo de diversas fundaciones, socios y donantes individuales. Asimismo, contamos con el apoyo institucional de la Consejería de Inclusión Social, Juventud, Familias e Igualdad de la Junta de Andalucía. A todos ellos, el SJM-Almería expresa su profundo agradecimiento por contribuir a hacer realidad esta apuesta por la hospitalidad y la justicia social.

Este primer aniversario se celebra con la publicación de dos documentos que dan cuenta del modelo y lo encarnan en el territorio. Uno de ellos describe el enfoque de acogida comunitaria del SJM en Níjar, en diálogo con los principios del modelo estatal.

El otro, más testimonial, recoge las voces y miradas de 16 personas vinculadas al proyecto que han reflexionado a partir de una exposición fotográfica de Sergi Cámara: vidas que acompañan vidas, entre el dolor de la frontera y la esperanza de un nuevo hogar.

En medio de la hostilidad, apostamos por la hospitalidad. Este año de trabajo es solo el comienzo. En un contexto de alta vulnerabilidad, precariedad y segregación residencial, el SJM-Almería reafirma su apuesta por una hospitalidad con rostro humano, arraigada en el territorio y abierta a la transformación. La hospitalidad comienza con un paso.

🔗Puedes leer nuestros informes aquí:

➡️Nuestro modelo de acogida: SJM-Almería, comunidad de hospitalidad

➡️Vidas acompañando vidas: Construyendo ciudadanía en Níjar

➡️Nuestro año en cifras 

 

 

Otro año más nos pusimos en marcha: Caminos de Hospitalidad

Este año, bajo el lema «La hospitalidad empieza con un paso», nos pusimos de nuevo en camino. Un año más, Caminos de Hospitalidad llega al SJM-Almería como un espacio de encuentro, de reflexión y de compromiso compartido. Entre invernaderos, bajo el sol de junio, y acompañados por la diversidad de rostros y voces que dan vida a nuestra comunidad, volvimos a caminar convencidos de que la hospitalidad no es solo una palabra: es un gesto, una actitud, una forma de estar en el mundo.

Otro año más salimos a caminar juntos y juntas entre los invernaderos que forman parte del paisaje y de la vida de tantas personas en esta tierra, y de nuestra labor diaria. Durante el mes de junio llego un año más a nuestras tierra caminos de hospitalidad, una iniciativa para generar una cultura de solidaridad e inclusión con las personas que se ven forzadas a migrar, impulsada por la campaña Hospitalidad de las obras del Sector Social de los Jesuitas en España se suman el Servicio Jesuita a Refugiados Europa (JRS Europe), la Red Jesuita con Migrantes de Latinoamérica y Caribe (RJM LAC) y su Campaña por la Hospitalidad; y la Federación Internacional de Fe y Alegría. (FIFyA).

 Caminamos bajo un sol fuerte, sí, pero también acompañados por unas unas 60 personas: amigos, amigas, familias, voluntarios y voluntarias, personas de la comunidad, de nuestra vida parroquial, nuestros chicos de los asentamientos y de las 12 viviendas,  cada uno con su historia, sus pasos, sus sueños. Diferentes orígenes, diferentes caminos, pero un mismo horizonte: construir hospitalidad.

En nuestro recorrido, cada paso tenía sentido, cada parada, una palabra que nos llamaba a mirar dentro, a mirar al otro y a mirar más allá.

La primera parada fue un despertar, para ponernos en marcha, saliendo desde nuestra Casa Arrupe y acompañados (as) por la reflexión de nuestra voluntaria y religiosa de la Compañía de María, Pilar Rubio quien nos habló con emoción de abrir la puerta del corazón, ese gesto tan sencillo y a la vez tan revolucionario, recordando a Pedro Casaldáliga “llevo el corazón lleno de nombres, de rostros, de historias de agradecimiento.

Puestos en marcha y con la disposición de “abrir nuestro corazón”, nos hemos encontrado en nuestra segunda parada, una parada que podemos decir fue de “descubrir el rostro del otro”, en ella el Jesuita Severino Lázaro, nos invitó a repensar el porvenir no como algo que nos sucede, sino como alguien que llega a nuestra vida y que el futuro se construye en el encuentro con los demás, especialmente con quienes más nos necesitan. La hospitalidad, más que una opción, se presenta como un camino para un porvenir verdaderamente humano y compartido.

Y seguimos caminando, a veces en silencio, a veces compartiendo palabras, risas, agua, tratando de conocer un poco más a quien tenía a mi lado y caminaba conmigo.

En nuestra tercera parada fue un canto a la esperanza. Rafael, uno de nuestros voluntarios, nos trajo a la memoria aquella ya tan conocida parábola del granito de mostaza, si aquella misma canción de “si tuvieras fe como un granito de mostaza, ¿Qué pasa?….” , pues en nuestro caso aquella semilla pequeña, oculta, pero llena de vida en potencia, nos invita a reconocer los signos humildes del Reino que brotan silenciosamente, como en los invernaderos que esconden verdor bajo la sequedad, cultivar esperanza es aprender a ver lo nuevo que ya está naciendo, aunque aún parezca invisible.

La cuarta parada fue quizás una de las más emotivas, y es que, bajo el nombre de caminar juntos, soñar juntos, escuchamos una historia de sueños, de aquellos sueños que al emigrar traemos con nosotros y de cómo los sueños se vuelven más grandes cuando los tejemos entre muchas manos, entre muchas culturas, entre muchas vidas, recordándoles a todos los presentes de cómo soñar juntos es también una forma de resistir.

Ya cerca del final del camino, el Jesuita Joaqui Salord, nos animó a dar un paso más: no solo a acoger al otro, sino a ser casa para él otro. Una casa que protege, promueve, integra, construye, escucha, denuncia, comparte, educa y actúa. Porque ser hospitalidad es mucho más que abrir una puerta: es comprometerse con el otro desde lo más profundo.

Un recorrido en el que pudimos ver aquel, mar de plástico, y entre carreteras e invernaderos, entre palabras, silencios y abrazos, terminamos nuestro “camino”, compartiendo un rato de convivencia, entre música, comida y alegría de encontrarnos un año más, en este caminar juntos.

Gracias a cada persona que vino, que caminó, que compartió. Gracias por seguir creyendo. Porque cuando caminamos juntos, cuando abrimos el corazón, cuando cultivamos la esperanza, caminamos, juntos y soñamos juntos entonces sí: podemos ser casa para el otro, podemos ser Hospitalidad.

 Mira el resumen de nuestra caminata de Caminos de Hospitalidad
En este PDF encontrarás lo que compartimos, vivimos y reflexionamos en cada una de las paradas de nuestro recorrido.
📄 Léelo aquí

 

Del discernimiento a la acción: el SJM-Almería abre un proyecto socio-formativo en el edificio del seminario diocesano.

El SJM-Almería pondrá en marcha a partir de septiembre un espacio de acogida, formación y acompañamiento para personas migrantes en situación de grave vulnerabilidad. Se trata de una iniciativa impulsada por la Diócesis de Almería, que dedicará el edificio del seminario menor a este proyecto esperanzador.

A partir de septiembre de 2025,  el equipo del Servicio Jesuita a Migrantes en Almería (SJM-Almería) comenzará a desarrollar un nuevo proyecto de inserción sociolaboral en el edificio del seminario de la ciudad, cerrado desde 2021. Será un espacio abierto a la formación, el acompañamiento y la acogida temporal de personas migrantes, muchas de ellas residentes en asentamientos informales o en condiciones habitacionales muy precarias.

Esta iniciativa nace a propuesta de la Diócesis de Almería, que decidió destinar el edificio del seminario a un proyecto social de calado. El obispo diocesano, D. Antonio Gómez Cantero, invitó a la Compañía de Jesús a liderar el proceso de discernimiento y diseño del proyecto, que tras meses de reflexión y análisis compartido ha tomado forma y se encuentra ya en fase de preparación.

El objetivo es claro: generar un espacio que promueva procesos de formación, crecimiento personal e inserción laboral para personas que difícilmente acceden a otras oportunidades, con una atención especial a quienes viven en contextos de mayor exclusión. Desde el SJM-Almería asumimos esta nueva etapa con responsabilidad y esperanza, conscientes de que se trata de una tarea compartida y enraizada en el territorio.

El proyecto ofrecerá itinerarios formativos en algunas familias profesionales seleccionadas, derivación a recursos existentes, apoyo en competencias transversales y acompañamiento personalizado. También contará con una pequeña residencia para aquellas personas que, por su situación, no puedan participar en un proceso formativo sin un lugar donde vivir temporalmente.

Esta puesta en marcha coincide con el reciente traslado de la comunidad jesuita que, durante más de cuarenta años, ha vivido y servido en los barrios de Piedras Redondas, Los Almendros y Araceli. Como se comunicó previamente, la comunidad ha pasado a residir en Puebloblanco, en el término municipal de Níjar, desde donde continúa su compromiso cercano con las personas migrantes y con los procesos comunitarios, ahora también en sintonía con esta nueva etapa.

Además, el proyecto se enmarca en la reorganización actual del sector social de la Compañía de Jesús en España. Será el primer programa conjunto de SJM-Almería y la Fundación ECCA Social, llamada a ser la entidad de referencia en Andalucía dentro del sector social jesuita. Esta nueva articulación permitirá integrar formación, acompañamiento y acción territorial desde una lógica de misión compartida y estructurada.

Al frente del proyecto estará Fátima Santaló-Ossorio RSCJ, con años de experiencia en la provincia de Almería, especialmente como directora del centro Bantabá en Las Norias (El Ejido). Se incorporará también la comunidad de Misioneras de Cristo Jesús, con presencia en la zona del Poniente desde hace más de un año.

Queremos caminar en coordinación con Cáritas Diocesana, entidades de formación, centros sociales y empresas comprometidas. Este proyecto no pretende ocupar ningún espacio, sino sumar en red, apoyar lo que ya existe y contribuir allí donde aún hay huecos por cubrir. Agradecemos la confianza de la diócesis y de tantas personas que han creído que es posible una Iglesia que abre sus puertas, que arriesga por los más vulnerables y que sigue poniendo el Evangelio por obra.

Desde el SJM-Almería nos ponemos en camino, fieles a nuestra misión de servir, acompañar y defender a las personas migrantes, y convencidos de que cada paso compartido puede ser una semilla de transformación. Esta nueva etapa, humilde en sus comienzos pero audaz en su horizonte, es una apuesta por la dignidad, la justicia y la esperanza.

 

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De la chabola al aula: Curso universitario de mediación intercultural en la UAL

¿Qué pasa cuando en un aula se encuentran personas de distintos países, culturas y lenguas, unidas por las ganas de aprender? Pasa lo que hemos vivido este mes de junio en la Universidad de Almería: un curso universitario sobre mediación intercultural y migraciones, quince personas migrantes participaron en una formación pensada especialmente para ellas, donde el conocimiento se mezcló con la vida, la escucha y el reconocimiento mutuo. Una formación breve en duración, pero enorme en alcance, que demuestra que la inclusión real comienza allí donde se rompen las barreras del acceso al conocimiento.

Solo quince alumnos. Solo 30 horas. Parece poca cosa. Pero una formación universitaria diseñada específicamente para personas que viven en asentamientos chabolistas supone, en realidad, un paso de gigante.

Así ha sido el curso que hemos desarrollado este mes de junio junto a la Universidad de Almería (UAL): una experiencia breve, pero de gran calado humano y simbólico. Durante dos semanas, personas migrantes procedentes de Marruecos, Mali, Guinea, Senegal o Ghana compartieron aula, aprendizaje y vida, en una formación sobre mediación intercultural y migraciones especialmente adaptada a su realidad.

Los contenidos abordaron la mediación en los ámbitos sanitario, educativo, judicial y comunitario, así como herramientas para la resolución de conflictos, con un enfoque participativo y práctico. Pero más allá del temario, lo más significativo fue el clima de respeto, la escucha mutua y la riqueza de experiencias compartidas.

En el aula se hablaban más de doce lenguas distintas —árabe, amazigh, español, inglés, francés, alemán, bambara, twi, moore, dagaare, wali…— reflejo de una diversidad que no fue obstáculo, sino motor. Como señalaba Insufi Bandjam, de Guinea Bissau, si tuviera que resumirlo en dos palabras serían: “diversidad y multiculturalidad”.

El curso fue organizado por el grupo de investigación Paralelo 37º – Estudios sociodemográficos y territoriales(HUM-635), bajo el paraguas del CEMyRI, a propuesta del SJM-Almería, y con el apoyo de la Fundación Almería Tierra Abierta, en el marco del programa “12+1. Viviendas para la vida”, financiado por la Junta de Andalucía.

Para muchos participantes, fue su primera vez en una universidad. Y la emoción era evidente. “Esta formación fue la mejor experiencia que he tenido aquí en España”, afirmaba Mohamed Benserrar (Marruecos), destacando el papel del mediador como figura clave en educación y salud, y agradeciendo la cercanía del profesorado.

Ahmad Redjali, también marroquí, agradecía el “apoyo y acompañamiento” recibido, subrayando cómo el curso ha sido clave para su desarrollo personal y profesional: “Me permitió aprender a través de experiencias prácticas e interactuar con diversas culturas, lo que fortaleció mi capacidad para trabajar en contextos multiculturales”.

Desde una mirada cercana y profesional, Hajar Lachhab (hispano-marroquí) valoraba especialmente el enfoque práctico del curso y la calidad del equipo docente: “Compartimos dinámicas grupales, analizamos casos reales y aprendimos directamente de profesionales del sector. Me llevo no solo conocimientos, sino también una mirada más crítica y empática sobre cómo construir una sociedad más inclusiva y justa”.

Abdelkrim Ourhou, por su parte, destacaba la dimensión personal: “Aprendí a escuchar activamente sin juzgar, y eso es esencial cuando te enfrentas a situaciones entre culturas diferentes. Lo que más me gustó es la importancia de la empatía, porque ponerse en el lugar del otro cambia totalmente la dinámica de la conversación”.

Saakiru Mohammed (Ghana) resumía así su vivencia: “El programa superó mis expectativas. Creo que este conocimiento me ayudará a integrarme mejor y a ser un buen miembro de la comunidad. Podemos superar barreras y convivir en paz aceptando nuestras diferencias, que son las que nos hacen únicos”.

El impacto del curso ha sido igualmente profundo para el profesorado. Pablo Pumares, director del Máster MIGRAMED-GV, destacaba “la ilusión y las ganas de aprender” del grupo. Para Beatriz González Martín, profesora e investigadora en el CEMyRI, ha sido una experiencia “muy satisfactoria”, impresionada por el compromiso del alumnado y deseando que esta oportunidad les abra nuevas puertas. Daniela Herrera, profesora de Sociología, añadía: “Un grupo agradecido, respetuoso, con una enorme sed de aprender”.

Desde el SJM-Almería creemos que este tipo de experiencias muestran el verdadero sentido de nuestro modelo de intervención: acompañar, servir, reflexionar, sensibilizar e incidir para transformar. La mediación interculturalno es solo una herramienta profesional: es una manera de construir sociedades más humanas, más justas y más habitables.

No se trata solo de enseñar, sino de reconocer y dignificar. Las personas que viven en los márgenes también tienen derecho a formarse, a liderar, a construir comunidad. Esta microcredencial es solo un primer paso. Pero es, sin duda, un paso hacia el futuro.

 

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El SJM-Almería: Acompañamiento y acción frente al desalojo en el asentamiento chabolista de El Uno

Casi dos semanas después del desalojo y la demolición del asentamiento chabolista de Cortijo El Uno, en San Isidro de Níjar, seguimos acompañando y defendiendo los derechos de las personas afectadas. El 25 de febrero de 2025, familias enteras se vieron obligadas a abandonar lo poco que tenían, sin que se les ofreciera ninguna alternativa habitacional. A través de nuestro modelo de intervención, hemos estado presentes en este proceso, ofreciendo apoyo, servicios y visibilidad a la situación, al tiempo que hemos exigido respuestas a las autoridades.

El día 25 de febrero de 2025 se produjo el desalojo y la demolición de un asentamiento chabolista situado en San Isidro de Níjar (Almería), conocido como Cortijo El Uno. En él vivían 58 personas, incluyendo nueve niños y niñas. A ninguna de esas personas se les ofreció, por parte de las autoridades, ningún tipo de alternativa habitacional.

         El SJM-Almería ha vivido estos acontecimientos desde lo que llamamos el “ciclo de la misión” o “modelo de intervención” de las obras sociales jesuitas, que expresamos con cinco verbos: acompañar, servir, reflexionar, sensibilizar, incidir.

         Acompañar. Desde el momento que conocimos la orden judicial de lanzamiento, decidimos estar cerca de los residentes del Cortijo El Uno.  Sabiendo que no se iba a poder frenar el desalojo ni la demolición, quisimos estar presentes, sencillamente, para acompañar a las personas en un momento traumático. Es decir, para estar cerca, dar un abrazo, guardar silencio, derramar lágrimas, calmar los ánimos, mediar en situaciones conflictivas, proteger ante las cámaras de fotos o televisión, respetar ritmos, mostrar un rostro amable y familiar, ofrecer algo de seguridad en medio de la incertidumbre. Incluso cuando no hay nada que hacer, es importante estar.

         Servir. Ese día 25 de febrero hubo que prestar servicio de traducción, tuvimos que mediar ante diversos acontecimientos inesperados, ayudamos a varias personas a guardar su ropa o a trasladar enseres, prestamos el teléfono para hacer llamadas, nos coordinamos con otras entidades sociales, gestionamos varias derivaciones a recursos externos… Todo ello son servicios muy pequeños, pero son los que se necesitaban ese día. En otros momentos, antes y después, se precisan otros servicios, más sofisticados y continuados en el tiempo.

         Reflexionar. Todos estos acontecimientos pidieron, en primer lugar, discernimiento acerca de las mejores maneras de estar presentes con cercanía afectiva y efectiva. En segundo lugar, buscamos momentos de cuidado del equipo, espacios de interioridad, dinámicas de ajuste y distribución de tareas; es decir, ocasiones de reflexión “en el fragor de la batalla”. Y, en tercer lugar, todo esto ha exigido reflexión, autoevaluación, análisis de la situación y ejercicios de prospectiva, tanto al interior del SJM-Almería como en nuestros espacios de coordinación y trabajo en red.

         Sensibilizar. En un momento determinado, vimos que era necesario dar a conocer lo que estaba ocurriendo en el Cortijo El Uno a través de los medios de comunicación. De hecho, estas semanas hemos tenido bastante presencia en la prensa local y nacional, tanto en medios escritos como digitales, en radio y en televisión. Sin buscar protagonismos personales o institucionales, intentamos poner en el centro a las personas afectadas y ensanchar los espacios de solidaridad en nuestra sociedad.

Incidir. Ante la vulneración de derechos y ante los intentos de pisotear la dignidad de las personas, hay que defender a las más frágiles, vulnerables y vulneradas. Por eso, ante la falta de respuesta de las autoridades municipales, emitimos un comunicado junto al Secretariado Diocesano de Migraciones (SEDIM) y otras entidades de Iglesia. Además, el SJM-Almería presentó una queja formal ante el Defensor del Pueblo Andaluz, que emitió una resolución dirigida al Ayuntamiento de Níjar, instando con celeridad y contundencia a atender a las personas vulneradas en sus derechos, con especial énfasis en las familias con menores.

Son pequeñas acciones que buscan incidir en las autoridades para transformar la realidad en clave de justicia y para defender los derechos de las personas más vulnerables.

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2024: Transformando números en historias de esperanza

Este año 2024,  será recordado como uno de los más significativos para nuestra asociación, hemos crecido y ha suido gracias a cada uno de ustedes que sigue apoyando nuestro proyecto. Es por eso que te contamos un poco de lo que juntos logramos. Tranformar números en historias de esperanza.

Este 2024 ha sido un año de grandes hitos para nuestra comunidad, marcado por el esfuerzo colectivo de todos nuestros socios, voluntarios, trabajadores y colaboradores. Gracias a su dedicación, hemos podido avanzar en la realización de nuestros proyectos y en el fortalecimiento de nuestra misión.

Uno de los logros más significativos ha sido el crecimiento y la consolidación de nuestro programa de hospitalidad, Casa Arrupe, un espacio donde las personas migrantes y en situación de vulnerabilidad encuentran no solo un refugio, sino también un acompañamiento integral para reconstruir sus vidas. Hemos conseguido mantener abiertas las puertas de acogida para quienes más lo necesitan, con una atención cada vez más personalizada, ofreciendo recursos, formación y la posibilidad de integrarse en una comunidad que valora y apoya la diversidad.

En este sentido, las 12 viviendas de San Isidro han sido un verdadero ejemplo de lo que significa dar una oportunidad real a quienes han sido desplazados o han vivido en condiciones precarias. A través de este programa, hemos logrado ofrecer más que un simple techo: un hogar que garantiza dignidad, estabilidad y esperanza.

Todas las personas  que forman parte de este proyecto no solo reciben apoyo en términos materiales, sino también emocional y educativo, gracias a los talleres y actividades que les brindan herramientas para avanzar con autonomía.

Nuestra familia se ha agrandado, no solo con nuestros nuevos integrantes a nuestro equipo técnico, hemos crecido en voluntarios y voluntarias que dedican su tiempo a contribuir a nuestra causa.

Además, a lo largo de este año hemos superado nuestros propios objetivos, con 970 nuevas personas atendidas, estos logros son prueba de la fuerza de la comunidad que hemos formado juntos.

Al mirar atrás, es el momento de hacer un recuento, de valorar lo alcanzado y de agradecer profundamente a todos los que han sido parte de este camino.

Por eso a cada uno de ustedes les decimos GRACIAS, seguimos adelante con más energía y compromiso, dispuestos a continuar transformando realidades en 2025.

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Solidaridad: Juntos podemos hacer más

Hace tan solo dos días, el 18 de diciembre, conmemoramos el Día Internacional de las Personas Migrantes, una fecha para reflexionar sobre los derechos y la dignidad de aquellos que se ven obligados a abandonar sus hogares en busca de un futuro mejor. Hoy,  celebramos el Día Internacional de la Solidaridad, un día que nos invita a actuar y a poner en práctica nuestra capacidad de ayudar a quienes más lo necesitan, especialmente a las personas migrantes que enfrentan tantas dificultades en su camino.En estas fechas, tu solidaridad puede ser el mejor regalo.

Hoy, 20 de diciembre, celebramos el Día de la Solidaridad, un día que nos invita a reflexionar sobre el verdadero significado de la palabra. ¿Qué es solidaridad? Es la capacidad de ponernos en el lugar del otro, de tender la mano a quienes atraviesan momentos difíciles, de trabajar juntos para transformar realidades y construir una sociedad más justa e inclusiva.

Este Día de la Solidaridad adquiere un significado especial cuando lo relacionamos con la situación de las migraciones. Millones de personas en todo el mundo se ven obligadas a abandonar sus hogares debido a conflictos, persecuciones, pobreza o desastres naturales. Las migraciones no solo son un fenómeno global, sino una realidad que nos afecta a todos y que nos exige una respuesta humanitaria y solidaria.

Como asociación, nuestra misión es estar al lado de las personas más vulnerables, especialmente aquellas que han dejado todo atrás en busca de una vida mejor. Desde nuestros diversos programas, trabajamos cada día para ofrecer un hogar, recursos y apoyo a migrantes y refugiados, brindándoles una oportunidad para reconstruir sus vidas y formar parte de una comunidad que acoge, respeta y apoya.

Hoy, más que nunca, queremos recordar que la solidaridad no es solo un gesto puntual, sino un compromiso diario con los demás. A través de nuestra labor, vemos cómo el apoyo de todos –socios, voluntarios y trabajadores– hace posible que miles de personas encuentren un refugio, una oportunidad de formación, y sobre todo, un espacio donde recuperar su dignidad.

Este Día de la Solidaridad también es un llamado a la acción. Nos necesitamos unos a otros. La solidaridad es un esfuerzo colectivo que transforma vidas. Hoy te invitamos a sumarte a nuestra misión, a ser parte de esta red de apoyo que construye un futuro mejor para todos. Ya sea a través del voluntariado, la donación, o simplemente difundiendo el mensaje de solidaridad, tu acción cuenta.

Juntos, podemos cambiar la realidad de muchas personas y construir una sociedad más inclusiva, donde nadie quede atrás. ¡Celebremos este Día de la Solidaridad con un compromiso renovado por la justicia, la acogida y la esperanza!

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Plan de regularización: Una esperanza para miles de extranjeros en Almería

Se trata sobre un plan extraordinario de regularización que podría beneficiar a aproximadamente 20,000 personas de origen extranjero en la provincia de Almería. Este proyecto tiene como objetivo principal legalizar la situación de aquellos residentes que actualmente se encuentran en España de manera irregular. Se espera que esta medida no solo regularice su estatus administrativo, sino que también promueva su integración social y laboral en la comunidad almeriense. 

La propuesta ha generado una recepción positiva entre la población migrante y diversas organizaciones que apoyan la inclusión y la regularización de inmigrantes en España. Este caso podría significar una oportunidad significativa para miles de personas que han estado viviendo con incertidumbre y dificultades legales, permitiéndoles tener acceso a derechos baásicos y contribuir activamente a la sociedad local. 

Desde el Servicio Jesuita a Migrantes Almería, sitúan en aproximadamente 20,000 el número de extranjeros pendientes de regularización. Este cálculo se basa en la fuerza laboral oficial del sector agrícola almeriense y en el personal necesario para llevar a cabo estas labores. 

Incluso las empresas almerienses subrayan la necesidad de abordar la regularización de extranjeros, esta iniciativa de regularización extraordinaria, es crucial para quienes ya residen en España, especialmente debido a la lenta  burocracia administrativa. Esto no solo garantizará su protección legal, sino que también fortalecerá el sistema de Seguridad Social.  

Y es que vivan donde vivan y ejerzan la profesión que ejerzan, todos ellos forman parte integralde la sociedad y la economía de Almería. A pesar de ello, no están reconocidos oficialmente como ciudadanos, es por eso, por lo que esta iniciativa podría significar un gran cambio en la vida de cada una de las personas que siguen en la espera de su regularización

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